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Más que un libro de viajes Un verano en los Grandes Lagos

Margaret Fuller describe la apabullante naturaleza en una Norteamérica ávida por expulsar a los indios y colonizar sus tierras

¡A quién no le ha pasado! La naturaleza nos deja a veces literalmente sin palabras. El encargado de describirla se afana en encontrar adjetivos, pero como ninguno puede hacerle justicia, cae en lo cursi, en el exceso. «Verano en los lagos» tiene momentos que solo podrán justificar quienes conocen el paisaje de los Grandes Lagos de América del Norte, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Pero aparte de eso, hay mucho más.

Margaret Fuller (1810-1850) pasó cuatro meses recorriendo la zona, y como es normal, quedó impresionada por tanta agua y tantos bosques, comparables para ella con el Edén, ese sitio estupendo donde se supone que Dios colocó su figurita de barro después de insuflarle vida.

Tenía 33 años cuando comenzó el viaje. Poco antes de partir, Fuller decía en una carta a su amigo el escritor Emerson: «Estoy harta de libros y de trabajo intelectual. Anhelo extender las alas y vivir al aire libre; tan solo ver y sentir». Ya era una mujer reconocida, una intelectual de prestigio que había traducido a Goethe, publicado varias obras propias y destacado por defender los derechos de la mujer. Daba clases de filosofía y retórica. Era periodista. Hablaba francés y alemán a la perfección. Incluso se había documentado ampliamente sobre el destino, gracias a que consiguió permiso para entrar en la biblioteca de la Universidad de Harvard; fue la primera mujer en lograrlo.

Crónica de una injusticia

Fuller, con ser una gran viajera, no es una cronista de viajes. La exuberancia que describe es solo el decorado para hablar de la injusticia contra las tribus indias, arrinconadas, expropiadas de su memoria y saqueadas en su patrimonio.

Verano en los lagos empieza en las cataratas del Niágara, que no emocionan a su autora porque le resultan demasiado turísticas. ¡Qué diría hoy! Fuller sigue por Illinois y Wisconsin, por los lagos Michigan, Erie y Huron, por el river Rock y el river Fox… Se mueve en tren, en barco de vapor, en canoa, en carromato, a pie y como haga falta, unas veces sola y otras acompañada. Por el camino se pasma con el espectáculo de las flores de las praderas, y como los calificativos son gratis, no se corta. Pero también aprovecha para criticar a sus compañeros de viaje, colonos que se dirigen a poblar las tierras saqueadas y que llevan consigo «la avaricia y los prejuicios culturales».

En este libro hay interesantes reflexiones acerca de las iniquidades del capitalismo, la sobreexplotación de los recursos, la voracidad de las ciudades, la desigualdad de sexos, los derechos humanos y… la naturaleza, claro. Margaret Fuller fue una destacada representante del trascendentalismo, ese movimiento filosófico y literario del que formaba parte también Henry David Thoureau y cuya alma fue Ralph W. Emerson. Para los trascendentalistas solo con la preservación de la naturaleza salvaje se puede conseguir la preservación del mundo, porque la verdadera independencia del individuo está en la observación directa de las leyes de la naturaleza.

La injusticia de un verano en los lagos

Margaret Fuller sufre una conmoción con el paisaje de los Grandes Lagos, pero lo interesante de este libro no es eso, sino sus reflexiones mientras va de un lugar a otro. Escribe que los indígenas «son los amos legítimos de la belleza que se han abstenido de deformar», que sus «costumbres no agreden los rasgos de la naturaleza bajo los que han nacido», que «Roma y Florencia son meros suburbios en comparación con esta capital del arte natural» o que en los hogares indios descubre ese «sentimiento de ternura, tan raro en los norteamericanos». No era frecuente que un ciudadano estadounidense hablara en aquellos tiempos sobre «la aversión que enseguida aprende a sentir el blanco por el indio cuya tierra usurpa: la aversión del invasor por aquel al que ha degradado». Y menos siendo mujer.

La línea del horizonte es esa editorial dedicada al viaje que no publica libros de viaje, sino reflexiones sobre la experiencia, el conocimiento y la relación con el entorno en cualquier lugar del mundo. Verano en los lagos es otro buen libro en su catálogo, una edición reducida que nos deja con ganas de más Margaret Fuller.


Título: Verano en los Lagos
Autora: Margaret Fuller
Editorial: La línea del horizonte
Páginas: 176
PVP: 20 €

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