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“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson

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Diseño&Deco

Un encantador espacio en el barrio madrileño de Chueca en el que sentirse como en casaPinkoco: showroom, bar, boutique, estilo de vida

El emprendedor italiano Piero Furia crea, regenta, diseña e ilumina un local y un proyecto sin iguales.

No es raro que al pasear el madrileño barrio de Salesas, en la parte más alta de Chueca, uno sienta la tentación de no terminar nunca la caminata para ir parando en cada escaparate, cada comercio, cada pequeño restaurante que abre sus puertas para llenar de sabor unas calles que son, nunca mejor dicho, una delicia.

En el número 9 de Santo Tomé, la esencia y el estilo de este laberinto se concentra. Pinkoco es un núcleo de buena energía, un chute para vista, olfato, gusto, tacto y oído, un imán para viandantes curiosos y “trendsetters” que se arriman a su vidriera como mariposas a la luz, porque la luz inspira cada uno de sus rincones.

Pinkoco es belleza. Más allá del sentido estético que está tan presente en este multiespacio a caballo entre showroom, boutique y bar, lo es en un sentido tangible. Nada más cruzar sus puertas, una mezcla de irresistibles fragancias nos da la bienvenida. Flores, cítricos, frutos silvestres… Provienen de productos cosméticos naturales que se muestran, venden y elaboran en casa según la tradición italiana de una familia dedicada desde hace décadas a su consecución bajo el sello Filanthos. Es cosmética paso a paso, diseñada también bajo petición y exigencias de la clientela más selecta. Es arte en crema, en jabón y en una selección de artículos de baño para llevarse a casa sin pensarlo dos veces.

Pinkoco es moda. Moda distinta. Complementos rompedores, llamativos y preciosistas ideados con el buen gusto, la calma y el mimo que requieren todas las cosas que son especiales. Las carteras y bolsos hechos a mano son la estrella. Terciopelos, lentejuelas y coloridas plumas los hacen imprescindibles, diferentes, delicados… Limitados y, por ello, aún más mágicos.

Pinkoco es hogar. Es tu casa. Un sitio para estar. Es calidez instaurada paso a paso gracias al interiorismo de Luis Puerta, a ese candor y aroma tan personal de las velas de París, a esa vajilla pintada por Andrea Zarraluqui, a esas joyas de Patricia Nicolás, a esa melodía de Carla Bruni, Serge Gainsbourg, Jane Birkin. Es orden, paz y olvido. Es perderse contemplando aunque no compres, aunque no busques nada en concreto. Te llevarás siempre la satisfacción de haber descubierto su encanto.

Pinkoco es diversión. Es amistad. Es risas en torno a una barra de bar con el soniquete de una coctelera. Es gente que se reúne a tomar un aperitivo los jueves al caer el sol y lo alarga hasta bien entrada la madrugada. Es no estar nunca solo porque allí siempre cuentas con alguien para despedir el día bailando.

Pinkoco es Mediterráneo. Es esa brisa que une un cuarto de Europa y junta y arremolina cada coral, cada elemento encontrado en cada puerto, en una playa, una feria de antiguedades, un mercadillo vintage, y después se lo vuelve a llevar. Es ese oleaje, ese vaivén de objetos que aparecen y desaparecen semana a semana por la virtud de ser irrepetibles. Es la luz, una vez más, de todos ellos, de todos esos lugares, guardada entre cuatro paredes.

Pinkoco es Furia. Es Piero Furia. El inquieto autor, el emprendedor veronés que se esconde tras el mostrador, tras la barra, tras un apellido que no refleja su apariencia ligeramente tímida, ni su “stile” con pinceladas bohemias y una eterna camiseta blanca, ni sus observantes ojos azules detrás de unas gafas redondas. Un apellido que sí es sinónimo de su creatividad, sus retos, su trayectoria, su aprendizaje a través del viaje interior y exterior, su eclecticismo plasmado en un proyecto que es su sueño, que es su espejo.

Pinkoco es Coco, el mayor de sus tres teckels, compañero, imagen, nombre. Pinkoco es la sal de Sa Trinxa en Ibiza, la atmósfera envolvente de Sukha en Amsterdam, el “charme” de la Osteria Ponte Pietra y la rústica calidez de El Pendola, en Verona, el sabor del Pulcinella de la madrileña calle Regueros.

Pinkoco es todo eso y por eso es un regalo. Un regalo en el que siempre encuentras otro. Ese regalo. Para él, para ella, para ti.

Pinkoco es vida. Estilo de vida.

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