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2.0 TDI 190 CV quattro s tronic design editionProbamos el Audi Q5: reflejo de sí mismo

El todocamino medio de Audi alcanza su segunda generación adquiriendo muchas de las virtudes de su hermano mayor el Q7. Así, el nuevo Q5 mejora no solo en diseño, sino también en calidad, precio y dinámica de conducción. Nosotros lo hemos probado en profundidad y el resultado no puede ser más satisfactorio.

Es habitual que los más pequeños de la casa conviertan a sus hermanos pequeños en el modelo a seguir. Suelen imitar su forma de vestir, de hablar e incluso de comportarse… al menos hasta que toman conciencia de sí mismos y empiezan a labrar su propio camino. Circunstancia que en el caso de nuestro protagonista parece haberse dado a la inversa. Porque si bien la primera generación del Audi Q5, que apareció hace casi una década, se distanciaba ligeramente  del Audi Q7, la segunda que aquí analizamos se acerca muy mucho a las características de su hermano mayor.

Una década en la que han pasado muchas cosas. Como que el propio Q5 se convierta en toda una referencia dentro de un segmento complicado y cada vez más copado de rivales (BMW X3, Mercedes-Benz GLC, Porsche Macan, Range Rover Evoque, Lexus NX…). Hecho que, probablemente haya originado que los responsables alemanes dilataran en exceso su vida, porque aunque ya lo hemos comentado, diez años en la élite parece fácil, pero no lo es.

Al estilo Q7

Quizá por ello, a principios del año pasado, el fabricante de Ingolstadt por fin se decidió a renovarlo por completo… aunque a simple vista no lo parezca. Y es que como suele ser tradición en las marcas alemanas en general, y en Audi en particular, el nuevo Q5 ofrece un diseño continuista que, de primeras, nos hará dudar de si estamos ante un restyling o ante una nueva generación.

Ya adelantamos que se trata de lo segundo, porque este Q5 se sostiene sobre la plataforma modular MQB, que no solo le ha permitido crecer tres centímetros a lo largo y alto, hasta los 4,66 y 1,66 metros, respectivamente, dejando su anchura se prácticamente igual, pues los 1,89 metros suponen haber perdido únicamente un centímetro; sino que también ha rebajado el peso final en casi 90 kilos gracias al abundante empleo del aluminio.

Si nos centramos en el diseño, aquí los dibujantes alemanes han mezclado los trazos de su predecesor con los del último Q7, logrando un producto sobrio pero llamativo al mismo tiempo. La semejanza con su hermano mayor se observa en que la característica parrilla singleframe, que crece ligeramente, se recubre de un maro cromado que se extiende hasta los faros, solución que también ha empleado el Q3 para afianzar así la imagen de la familia Q.

Grupos ópticos que, por cierto, adoptan una nueva firma luminosa LED y que, al mismo tiempo, abrazan dicha tecnología para emplearla en todas las fases de iluminación, mientras que, como opción, aparecen los exquisitos Matrix LED adaptativos. En la zaga, de no ser por los pilotos LED, con unas formas realmente llamativas, o por el parachoques algo más voluminoso, nos costaría bastante diferenciarle de su predecesor. Algo similar ocurre en su vista lateral, muy parecida a la del anterior Q5.

Espacio tecnológico

Percepción que cambiará por completo al acceder al habitáculo. El primer impacto visual nos brindará un salpicadero mucho más ordenado y limpio que antes, con unos trazos que, de nuevo, son prestados del Q7. Del conjunto destaca, por un lado, la reubicación de la pantalla central, que pasa de estar incrustada en la propia consola a situarse encima de la misma, con una membrana retráctil que permite ocultarla cuando no la necesitemos; por otro, el touchpad táctil situado delante del pomo de cambios muy sensible a la escritura y, sobre todo, muy útil a la hora de buscar una localización; y por último el ya afamado cuadro de instrumentos digital Audi virtual cockpit con una pantalla de 12,3 pulgadas desde la que se puede gestionar cualquier función del coche que tiene en el nuevo Head-up Display a color su perfecto aliado.

Elementos que sirven para incrementar una calidad ya de por sí excelente, rematado a la perfección sin fisuras y con un nivel de acabado a la altura del Q7 gracias al empleo de materiales nobles como el cuero, la madera o el aluminio entre otros.

Prima el espacio

Pero más allá de la sensación visual que nos genera, el nuevo Audi Q5 gana sobre todo en comodidad. El incremento de tamaño exterior repercute igualmente en un habitáculo amplísimo, con una fila trasera apta para dos ocupantes adultos hasta de 1,90 metros. Queremos resaltar lo de dos ocupantes porque la principal pega que hemos encontrado la protagoniza la plaza central. Además de tener un respaldo duro e incómodo (en él se esconde un reposabrazos con dos portabebidas), se suma un túnel demasiado voluminoso que nos obliga a separar en exceso las piernas, viajando incómodo incluso en trayectos cortos.

Como decimos, un punto negro en un conjunto sobresaliente con unas butacas exteriores que recogen a la perfección y en donde un servidor, con su 1,79 de estatura, no solo le sobraban 15 centímetros a la altura de las rodillas, sino que en lo que respecta al hueco para la cabeza, aún quedaban 10 centímetros para que mi cabeza se encontrara con el techo.

Además, Audi ha incrementado la modularidad incluyendo, en opción, la posibilidad de desplazar longitudinalmente la segunda fila. Son 10 centímetros que nos servirán para incrementar la ya de por sí excelente capacidad del maletero. Inicialmente, el volumen que inicialmente, nos brinda 550 litros (el mismo que antes) pero que gracias a esta solución nos permitirá meter un par de bolsas de mano adicionales. Si queremos todavía más espacio, solo tendremos que abatir la segunda fila (acción que se realiza mediante un botón) para disponer de 1.550 litros que, eso sí, no vendrán acompañados de un piso totalmente plano como si ocurre en el Q7.

Delante, el amplio reglaje tanto de los asientos como del volante, facilitará que encontremos rápidamente nuestra posición, aunque por regla general viajaremos bastante altos contando así con una buena visibilidad  en todos los ángulos.

Perfecto en cualquier terreno

Una postura que nos permitirá ir dominando la situación pero que quizá nos incomode a la hora de realizar una conducción más dinámica. Porque pese a su tamaño y su condición de SUV, el nuevo Audi Q5 ha mejorado sustancialmente en marcha. En conjunto, el Q5 es un coche rutero al que le encanta devorar kilómetros por vía rápida, pero si le metemos en una zona revirada, tampoco sufre demasiado. Sigue siendo un coche pesado, pues nuestra unidad cifraba nada menos que 1.845 kilos, pero se le nota mucho más ágil y aplomado que antes, con una dirección precisa, unos frenos contundentes y un chasis que ha reducid considerablemente las inercias, consiguiendo así estrechar diferencias con el auténtico rey del dinamismo: el BMW X3.

Ahora bien, esta afirmación tiene ‘truco’ ya que nuestra unidad iba equipada con la suspensión neumática opcional, que se estrena por primera vez en el modelo. Es cara, sí (cuesta 2.385 euros) pero es uno de esos extras a valorar dado que nos hará ganar en versatilidad y dinamismo gracias a sus múltiples configuraciones asociadas a los diversos programas de conducción. Con el modo Dynamic activado, el más deportivo, la carrocería se rebajará dos centímetros mejorando la aerodinámica y las sensaciones al volante. Los amortiguadores se endurecen, rebajando las inercias, al tiempo que cambia la gestión del cambio, del motor y el tacto de la dirección. No es que se convierta en un bólido de competición, pero no lo pasará tan mal como antes.

Si elegimos el modo Comfort, lo único que tendremos que hacer será sentarnos y disfrutar del viaje. Las irregularidades del asfalto se filtran de manera exquisita, aumentando el confort de marcha (es una redundancia, lo sabemos). Si además queremos llegar un poco más allá de lo habitual, el modo Efficiency será el perfecto aliado para exprimir al máximo el consumo. Con él activado es relativamente fácil acercarnos a los 6,5 l/100 km, mientras que sin él el gasto medio rondará los 8,2 l/100 km.

A ellos se suman dos nuevos modos de conducción enfocados, principalmente, a la aventura. Poco más hay que explicar de sus nombres: allroad y lift/offroad. Con ellos, los muelles elevan la altura de la carrocería hasta los 30,5 y 33 centímetros respectivamente, por lo que no será más fácil salvar situaciones comprometidas. La gran diferencia entre ambos es que el segundo solo funciona hasta 35 km/h, por lo que está más enfocado a zonas lentas y más pedregosas.

Como siempre, la tracción integral quattro se convierte en nuestra gran salvaguarda ya que no solo aporta un plus de seguridad cuando el asfalto está deslizante, sino que fuera de él gestiona a la perfección el reparto de par permitiéndonos llegar donde otros SUV Premium no lo harían…, incluso pese a montar unos neumáticos 100% asfálticos como los de nuestra unidad. Circunstancia que nos hace plantearnos hasta dónde podría llegar este modelo con unas gomas mixtas y, ya no queremos imaginar, con unas más enfocadas a la conducción fuera pista.

El motor a elegir

Con todo ello, no podemos pasar por alto el propulsor. Para nuestra prueba hemos optado por el motor diésel más potente de la gama, el 2.0 TDI de 190 CV. Un bloque que, dado el peso final y sus características, se convierten en la opción ideal para este Audi Q5. Responde a la perfección y mueve al conjunto con soltura, ya que los 400 Nm de par no solo entran a las 1.750 rpm y se mantienen constantes hasta las 3.000, sino que a partir de las 1.500 ya notaremos cómo empieza a empujar.

Es un motor fino y agradable, pues no se le nota demasiado ruidoso en las aceleraciones (a ello también ayuda una insonorización excelente) y siempre da la sensación de estar brindándonos empuje. Se combina en exclusiva con la caja de cambios automática de doble embrague S tronic de siete relaciones. Una transmisión que le ensombrece un poco (aunque nos duela decirlo), sobre todo si seleccionamos el modo Dynamic. Aquí la hemos notado bastante lenta a la hora de realizar los cambios y en situaciones de gran demanda de potencia, tarda en responder, dejando un lag bastante acusado.

Por contra, en los modos Comfort y Efficiency se moverá con grata soltura al priorizar el consumo y el confort de marcha. Inmediatamente tiende a engranar una marcha larga para así mantener un rango de revoluciones bajo. Además, con el segundo se activará el modo de circulación a vela, con el que podremos rodar con nuestra inercia cuando las condiciones de así nos lo permitan.

Como un Q7, también en precio

Antes de llegar al final, toca hablar de cifras. Sí, porque aunque la gama del Q5 arranca en los 40.550 €, nuestra unidad asociada al motor de 190 CV y al acabado design edition ya costaba 54.900 €. No es momento de echarnos las manos a la cabeza porque el todocamino alemán, como buen modelo Premium, se mantiene en el rango de sus rivales. Ahora bien, dicha condición de marca de lujo se deja notar en un listado de opciones extremadamente extenso.

De esta forma, para optar por la unidad que ilustra estas líneas tendrías que preparar nada menos que 24.430 €, al añadir, entre otros, elementos como los asientos deportivo (405 €), la regulación eléctrica de los mismos con ajuste lumbar (1.260 €), la carga inductiva para móviles (430 €), el Audi virtual cockpit (305 €), el sistema de sonido Bang&Olufsen (1.390 €), la tapicería de cuero (1.590 €), los faros Matrix LED (870 €), el Head-up Display (1.195 €), las llantas de aleación de 20 pulgadas (2.135 €), el acceso y arranque sin llave unido al accionamiento eléctrico del portón trasero con función manos libres (1.285 €), el techo panorámico de cristal (1.820 €), las inserciones en madera de fresno (255 €), la dirección dinámica (1.220 €), o el conjunto de asistentes a la conducción (1.285 €)…

Un suma y sigue que transforma el precio final en 79.330 €. Un valor alto que, si nos ponemos quisquillosos, nos daría incluso para adquirir un Q7 3.0 TDI de 272 CV quattro tiptronic asociado al acabado Design… porque hasta en eso, el Q5 quiere parecerse a su hermano mayor.

2 respuestas a Probamos el Audi Q5: reflejo de sí mismo

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