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2.5 TFSI 340 CV Quattro S TronicProbamos el Audi RSQ3: Puro nervio

La versión más radical de la gama Q3 de Audi, el RSQ3. Un modelo que no tiene nada que envidiar a los grandes deportivos.

Inicialmente, los todocaminos fueron concebidos por su versatilidad para poder rodar por cualquier terreno. Sin embargo, hace dos años, Audi, puso el segmento patas arriba con la llegada de su RSQ3 que, a dicha funcionalidad, sumaba la deportividad más extrema. Ahora, ese modelo ha sido mejorado, estilizado y, sobre todo, potenciado. Nosotros lo hemos probado y estas han sido nuestras impresiones.

Si hay algo que caracteriza a Audi, además del lujo, es la deportividad. Una característica que, desde hace más de 20 años, viene siempre acompañada de las letras RS. Unas siglas que comenzaron a utilizarse en 1994 cuando la marca de los cuatro aros desarrolló, en colaboración con Porsche, el sublime RS2. Dos décadas después, la abreviatura de RennSport (Racing Sport en inglés) ha conseguido que todos los modelos de Audi que la portan hayan entrado en los libros de historia del automóvil.

Porque hablar de RS es hacerlo de radicalidad y prestaciones. No en vano, cada uno de los vehículos que inscribe dichas siglas en su carrocería, se convierte instantáneamente en la versión más bestia de su gama. No obstante, la alemana jamás se había atrevido a emplear dicha nomenclatura para un modelo que no fuera un turismo. Hasta que hace dos años se ‘lio la manta a la cabeza’ y decidió que su nuevo Q3 también era merecedor de incluir una versión RS en su gama.

¿El motivo? Romper el mercado con su apuesta. Sí, porque aunque suene raro, hace dos años no existía ni un solo SUV compacto que contara con una versión de altas prestaciones. Audi fue el primer fabricante en lanzar un modelo de estas características y el reflejo en el que más tarde, rivales directos como Mercedes o Porsche, se mirasen para sacar al mercado sus GLA 45 AMG y Macan S, respectivamente.

Confianza ciega

Ahora, dos años después de aquel hito, la marca vuelve a superarse y, aunque no cuente con el modelo más potente (tal honor recae directamente sobre los 381 CV del mencionado Mercedes GLA 45 AMG), sí ha conseguido acercarse a su rival y compatriota. Para ello, ha vuelto a confiar en el motor 2.5 TFSI de cinco cilindros en línea, un viejo conocido que la marca ya ha empleado en otros modelos como el RS3 o el TT RS, el cual, gracias a las ligeras modificaciones en su programación electrónica, con esta actualización ha conseguido aumentar su potencia hasta los 340 CV, es decir, 30 CV más que su antecesor.

Una ganancia de potencia de la que damos fe en el preciso instante en el que conectamos el contacto. Justo en ese momento, un sonido ronco hace vibrar el capó delantero al tiempo que, de sus escapes, se desprende un ligero petardeo que nos transporta hasta los circuitos más emblemáticos del mundo. Sólo hay que pulsar ligeramente el acelerador para que dicha melodía retumbe en nuestros oídos cual sinfonía perfectamente acompasada.

Pero más allá de las evocaciones musicales que nos suscita este motor, lo cierto es que estamos ante un bloque que rezuma deportividad. Ofrece una respuesta muy contundente casi desde parado estirando todo su potencial hasta más allá de las 6.000 rpm, llegando con total desahogo hasta las 6.800 rpm, punto en el que entrará en la zona roja del cuentarrevoluciones para, ya, no dar más de sí. No obstante, sólo tendremos que echar mano de las levas del volante, que vienen de serie con la transmisión automática S-Tronic de siete marchas, para engranar la siguiente relación y proseguir con nuestra ascensión de velocidad. Así, en poco menos de 5 segundos habremos alcanzado los 100 km/h y eso es un valor del que muy poquitos deportivos pueden presumir.

Porque aunque estemos subidos a un todocamino (una postura elevada frente al volante así nos los indica), lo cierto es que si cerráramos los ojos (algo que no es aconsejable) la sensación que percibimos es la de estar montados en un superdeportivo. Para lograr ese efecto, Audi ha trabajado concienzudamente en conseguir una estabilidad y un chasis que esté acorde con la potencia que entrega su motor. De esta forma, además de contar con una amortiguación específica y con unos muelles más cortos, que rebajan la altura de la carrocería en 20 mm, monta un potentísimo equipo de frenos en el que sus discos delanteros tienen un perfil ondulado y están acompañados por unas pinzas de ocho pistones que están pintadas en un llamativo color rojo.

El resultado, tener entre las manos un deportivo de los de ‘pata negra’, que cuenta con unas reacciones muy nobles, con un comportamiento muy aplomado y con el que siempre tendremos la confianza de ir un poco más allá de nuestros límites. ¿Y si los superamos? Simplemente hay que frenar ligeramente, corregir la trayectoria con decisión (el poseer una dirección muy directa también ayuda) y entrar con confianza en la siguiente curva.

Con la discreción como máxima

Como decimos, puede que no sea el SUV compacto deportivo más potente de su segmento, pero el modelo alemán no necesita serlo puesto que en compensación ofrece otras muchas virtudes: desde el comentado sonido de sus escapes y el dinamismo de su carrocería pasando por la exclusividad y finura de su habitáculo y diseño.

Sí, porque toda esa deportividad que destila una vez nos ponemos en marcha, se diluye en el instante en el que nos ponemos a compararle con otro Q3 ‘normal’. Dejando de lado los logos RS que presiden tanto la parrilla delantera como el portón trasero, lo cierto es que los elementos que le diferencian de una variante ‘convencional’ casi los podemos contar con los dedos de una mano.

En este sentido, la distinción la ponen las ya comentadas pinzas de freno en color rojo, que se esconden bajo unas imponentes llantas de 20” (opcionales) montadas sobre neumáticos en medida 255/35 20 y por los detalles en negro brillante que adornan tanto el frontal (incluyendo la parrilla y las tomas de aire inferiores), como el difusor posterior, los marcos de las puertas o las barras del techo. En el habitáculo, percibiremos la distinción con el resto de modelos al sentarnos es sus butacas deportivas tapizadas en cuero Napa con costuras en gris roca, al observar las inserciones en fibra de carbono del salpicadero, consola central y paneles de las puertas y al tocar y sentir tanto el volante deportivo como los pedales en aluminio.

Con todo ello, este RSQ3 se convierte en un todocamino de lo más discreto que, sin embargo, esconde una fiera bajo su capó. Puede que la lógica no impere en un modelo de estas características, pero Audi no buscó la lógica sino demostrar que la deportividad y el nervio también pueden estar representados en otros segmentos.

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