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1.6 i-DTEC 160 CV 4WD Executive SensingProbamos el Honda CR-V: Grandes aspiraciones

La última actualización del CR-V gana en apariencia, tecnología y dinamismo.

La marca japonesa no sólo ha actualizado su CR-V en lo que a diseño y tecnología se refiere, sino que gracias la combinación de calidad, espacio y de un motor pequeño pero muy elástico, este SUV familiar es ahora capaz de bregar con modelos que le superan en estatus y precio. Este es el nuevo Honda CR-V y aquí te contamos cómo va.

El sueño de todo conductor es tener aparcado en su garaje el coche perfecto, que aúne el dinamismo de los mejores deportivos, las capacidades off-road de los poderosos todoterrenos, el espacio de los grandes monovolúmenes y el consumo de los urbanos más ratoneros. Sin embargo, justo en el momento en el que uno está a punto de subirse en ese coche ideal… suena el despertador y nos devuelve de nuevo a la realidad.

Sí, puede que con estas primeras líneas, todo lo que venga a continuación parecerá menos importante, pero lo cierto es que si sigues leyendo la prueba que aquí, en elhedonista, te traemos, seguramente acabes igual de satisfecho que nosotros una vez dejamos de conducir el nuevo Honda CR-V.

Un vehículo que parece que lleva entre nosotros toda una vida y lo cierto es que podría ser así ya que salió a la venta en 1997, es decir, hace casi 20 años. No obstante, la generación que se encarga de dar forma a esta prueba, y que corresponde con la cuarta, poco o nada tiene que ver con aquella de finales de los 90. De hecho la diferencia con la tercera ya es enorme puesto que Honda, por fin, supo concretar el posicionamiento del CR-V.

Espacio y calidad a partes iguales

Un lugar que está a medio camino entre los todoterrenos y los grandes familiares, o lo que es lo mismo, este CR-V es un todocamino familiar en toda regla. Sí, porque el SUV japonés combina el espacio interior propio de un monovolumen, con el comportamiento de un todoterreno al que le gusta el campo pero que prefiere el asfalto como terreno natural y, todo ello, sin que la calidad o la comodidad se pierdan por el camino… nunca mejor dicho.

La unidad que hemos probado se correspondía con la última actualización llevada a cabo por Honda. En ella se observa un vehículo mucho más elegante tanto exterior como interiormente. A nivel externo destaca, sobre todo, en su frontal donde, además de la nueva forma de las luces diurnas tipo LED, se ha dado un mayor protagonismo a las superficies cromadas, al tiempo que se ha rebajado la línea de su capó y ensanchado la parrilla delantera; mientras que el habitáculo, aunque recibe pocas modificaciones, son las justas para que el CR-V pueda competir contra rivales de mayor talla como el Audi Q5 o el BMW X3. Sigue abusando de un gran número de plásticos duros, pero lo bueno es que estos se encuentran perfectamente ensamblados ofreciendo un tacto muy agradable. Además, el aislamiento acústico se ha mejorado considerablemente logrando que el confort de marcha sea mucho más sobresaliente.

Ahora bien, como todo buen Honda, el orden no es uno de sus fuertes y la organización del salpicadero sigue siendo algo caótica, con una doble pantalla (una integrada en el salpicadero y otra en la consola central) que, además, no son una solución para eliminar la gran cantidad de botones que encontramos. Por ello, será necesario un pequeño periodo de adaptación para acostumbrarnos al lugar y la función de cada uno.

Todo lo contrario que con el nuevo sistema multimedia, denominado Honda Connect y que supone una de las grandes novedades tecnológicas de este reestilizado CR-V. Se incluye de serie en todos los acabados y versiones del vehículo y con él, el conductor tendrá acceso tanto al navegador (este sí es opcional y cuesta 600 euros) como a Internet o a distintas aplicaciones gracias a la inclusión del sistema operativo Android 4.0.4. De hecho, su interfaz es idéntica a la de cualquier Smartphone o Tablet que incorpore dicho sistema operativo, siendo igual de intuitivo y rápido que en dichos dispositivos.

Pero el Honda CR-V es mucho más que un aspecto bonito y un amplio elenco de sistemas multimedia, el SUV japonés posee ciertas características que le hacen ganar puntos con respecto a sus rivales más directos. Para empezar, posee el maletero más grande de su segmento, con 589 litros ampliables a 1.669 si se abate la segunda fila de asientos, zona que, para continuar, es una de las amplias en comparación con sus competidores, a la que se suma un acceso impecable (sus puertas se abren casi en un ángulo de 90º). La perfección la alcanzaría si, como ocurre en los monovolúmenes, dicha fila pudiera desplazarse longitudinalmente o si contara con asientos individuales… pero poco a poco.

Pequeño, dinámico…

Si tanto el diseño como el Honda Connect son algunas de sus novedades tangibles, lo cierto es que este CR-V también destaca por lo que no se ve, o mejor dicho, por lo que transmite. Y es que con esta última actualización, el SUV nipón también ha estrenado una evolución de su motor estrella, el diesel 1.6 i-DTEC. Hasta el momento, dicho propulsor sólo estaba disponible con la variante de 120 CV pero, gracias a la inclusión de un segundo turbo, la potencia sube ahora hasta los 160 CV.

De esta forma, Honda se suma a la moda del downsizing, una filosofía que consiste en ofrecer motores de menor cilindrada y tamaño pero que, gracias a la sobrealimentación, son capaces de entregar las mismas cifras de potencia que las grandes mecánicas a la que sustituye. Es decir, este 1.6 i-DTEC de 160 CV reemplaza al anterior 2.2 i-DTEC de 150 CV, por lo que además de reducir su tamaño consigue sacar 10 CV más de potencia. Así, el consumo de carburante se reduce considerablemente sin que por ello las prestaciones se vean afectadas.

De hecho, esta es una de las grandes cualidades de este motor. Durante la prueba pudimos comprobar cómo a partir de 1.500 rpm, los 1.630 kilos (en vacío) se mueven con soltura, como si de un compacto se tratara. Pero incluso si vamos cargados, este motor responde a las mil maravillas. A partir de las 2.000 rpm tiene fuerza más que suficiente para afrontar situaciones algo más peliagudas (adelantamientos, cuestas…) casi sin despeinarse y sin perder ni una pizca de la suavidad o el silencioso del que hace gala. Nuestra unidad estaba asociada al cambio manual de seis relaciones pero, como novedad, también puede acoplarse a uno automático de nueve marchas que, seguramente, rebaje los consumos aún más.

Y eso que el dato que homologa sorprende ya sólo con verlo, pues los 5,3 l/100 km oficiales son propios de cualquier modelo mucho más pequeño y ligero. Ahora bien, en condiciones normales, el consumo no bajará de los 6 litros. Sólo realizando una conducción muy sosegada y moviéndose siempre por zonas llanas, quizá lleguemos a igualar los datos oficiales. Digo esto porque durante nuestra semana de pruebas, nos movimos por gran variedad de lugares, combinando carretera con ciudad, circulando a ritmo algo más elevado… y ni con esas, el consumo sobrepasaba los 6,5 l/100 km. Únicamente yendo muy por encima de lo legal se lograrán rebasar los 7 litros de media.

… y muy seguro

Bien es cierto que el aumento de potencia supone una diferencia de precio considerable con respecto al de 120 CV, de 4.200 euros a igualdad de equipamiento para ser más exactos, pero nuestro protagonista, además, cuenta con la peculiaridad de estar asociada a la tracción integral (4WD). Gracias a ella, obtendremos un plus de seguridad cuando circulamos por carreteras secundarias, ya que el coche tiende a irse algo más de morro en tramos con muchas curvas, al tiempo que nos permitirá disfrutar, si queremos, de mayor libertad para circular por tramos no asfaltados… pese a que no sea el lugar natural de este CR-V.

Pero si lo que queremos es viajar siempre seguros, lo recomendable será equipar el paquete de asistentes denominado ‘Sensing’ que, por 1.800 euros, incluye alerta de tráfico trasero, avisador y asistente de cambio involuntario de carril, control de crucero adaptativo, detector de vehículos en el ángulo muerto, lector de señales de tráfico, avisador de colisión frontal, prevención y mitigación de impactos o conexión automática de luces largas, entre otros.

En definitiva, Honda ha sabido hacer los deberes mejorando los puntos flacos de su CR-V, potenciando los fuertes y dotándole de una mecánica elástica capaz de cumplir con las exigencias de los más sibaritas.

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