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Con el motor 2.0 de cuatro cilindros y 300 CVProbamos el Jaguar F-PACE: agilidad felina

Dicen que para todo hay una primera vez. Pues bien, el F-PACE no solo ha supuesto la primera incursión de Jaguar en el mundo de los todoterrenos, sino que además se atreve a hacerlo con un motor de gasolina pequeño, potente y con un gran carácter deportivo. Aquí tienes la prueba completa.

Somos recurrentes sí, pero no nos cansamos de repetir que el fenómeno SUV tiene visos de convertirse en el más importante desde que se presentó el primer automóvil allá por mediados del siglo XIX. Tal está siendo su importancia y peso, que marcas tradicionalmente deportivas, o al menos preocupadas de otros menesteres, no han tenido más remedio que subirse al vagón que lleva impresas estas tres siglas.

Hay muchos casos en el mercado, como Porsche, Lamborghini, Ferrari (lo presentará entre finales de este año y principios del siguiente), Bentley, Alfa Romeo… Pero aquí nos vamos a ocupar del que ha sido el primer todocamino de la historia de Jaguar.

La marca inglesa lleva 96 años ofreciendo a sus clientes berlinas, cupés y deportivos de lujo. Sin embargo, a mediados del 2016, cambió por completo su filosofía añadiendo a su gama el primer SUV de su dilatada trayectoria: el F-PACE. Un modelo que no ha sido fruto de la casualidad, ya que la firma inglesa se ha valido de la experiencia de su marca hemana, Land Rover, para ofrecer un producto que sea capaz de complementar su gama al intercalarse justo entre el exitoso Evoque y el exclusivo Range Rover Sport.

Pero además, el F-PACE ha servido para marcar la senda (nunca mejor dicho) de una gama de productos con tintes camperos de Jaguar, la cual acaba de ampliarse recientemente con la llegada del E-PACE y que hará lo propio en los próximos meses con el I-PACE, un SUV 100% eléctrico que rivalizará directamente con el Tesla Model X.

Alternativa…

Ya que mencionamos rivales, decir que este F-PACE entra directamente en la lucha que llevan años bregando los todopoderosos SUV alemanes, Audi Q5, BMW X3 o Mercedes-Benz GLC y en la que también está metido el Volvo XC60. Para ello propone una carrocería grande, que llama la atención al primer vistazo por su grandiosidad.

No en vano, cifra 4,73 metros de longitud, que viene a ser una cota superior en 68 mm a la del Q5, en 60 a la del GLC y en 23 a la del X3, todos ellos recientemente renovados por cierto. Pero además, la acompaña de una anchura espectacular, con 1,93 metros y de una altura de 1,66 metros. Todo ello enmarcado en un diseño limpio y elegante, pero a la vez muy deportivo, tal y como demuestra una línea lateral muy bien perfilada con un morro alargado, unas ventanillas estrechas y un pequeño spoiler posterior.

En definitiva, el equipo de diseño de Jaguar, comandado por Ian Callum, ha sabido extrapolar la esencia deportiva de la marca a un modelo inédito.

… de calidad

Y no solo eso, sino que de puertas para dentro mantiene todo el savoir-faire de la marca en terminaciones y nivel de acabado. Tapicerías de cuero o piel, molduras o inserciones de aluminio o madera acompañan a unos ocupantes que, además, gozarán de un amplísimo espacio. Porque los 2,87 metros de distancia entre ejes que ofrece, redundan en un habitáculo amplio, con una zona trasera apta para adultos hasta de 1,86 centímetros, y en la que sus ocupantes no sentirán fatiga alguna gracias al alto grado de comodidad de sus butacas. Incluso el asiento central permite viajar con comodidad pese a esconder en su respaldo un reposabrazos.

Un poco más atrás, en el maletero, todos esos ocupantes podrán alojar sus pertenencias sin problemas, ya que este F-PACE ofrece un volumen de nada menos que 650 litros, el cual, frente a la terna alemana antes mencionada, supone nada menos que 100 litros más… simplemente espectacular.

Si por contra, optas por ocupar las plazas delanteras, además de acomodarte en unos asientos anchos y con regulación eléctrica, estarás rodeado de una consola central de lo más peculiar. Llama la atención el detalle, marca de la casa, de la caja de cambios donde aparece un dial circular y escamoteable en lugar de la tradicional palanca.

Entre los elementos de equipamiento destacados están el sistema de infoentretenimiento Meridian Sound con una pantalla táctil muy intuitiva (en opción aparece la de 10,2 pulgadas), los asientos calefactables delanteros y traseros, la iluminación interior ambiental, el Head-up Display, cámara de 360º con asistente de aparcamiento…

Con cuatro, de sobra

Pero llegamos a lo realmente novedoso de este F-PACE: el motor. Sí, porque Jaguar, en su empeño de cambiar las cosas, no solo opta por ofrecer motores de altas prestaciones, con arquitecturas V6 o grandes cilindradas, sino que también nos propone bloques modestos pero con mucho nervio.

Este es el caso del protagonista de esta prueba, que no es otros que el inédito propulsor de gasolina de cuatro cilindros, 2.0 litros de cilindrada y doble turbocompresor para generar 300 CV. Pertenece a la familia Ingenium que JaguarLand Rover lleva desarrollando y evolucionando desde hace años. Muchos pueden pensar que dicha cifra de potencia puede quedarse corto, pero lo que no saben es que viene acompañada de un par máximo de 400 Nm que está disponible entre las 1.500 y las 4.500 rpm.

Por lo tanto, este F-PACE 30t (como se le conoce comercialmente) destaca por ofrecer un gran rendimiento en cualquier régimen de actuación. Empuja con contundencia desde abajo y no muestra en ningún momento síntomas de fatiga. En cambio, sí le notamos ligeramente áspero y ruidoso, sobre todo en las aceleraciones pronunciadas y prolongadas. Por suerte, la labor de insonorización del F-PACE resta decibelios al habitáculo.

Como decimos, es un motor notable, que cuenta con unas prestaciones más que correctas: 6 segundos para pasar de 0 a 100 km/h y una velocidad punta de 233 km/h. Igualmente, homologa un consumo medio de 7,7 l/100 km, cifra con la que nos tendremos que quedar dado que la unidad de prueba se encontraba en su fase de rodaje, y ni siquiera yendo a ritmo sosegado, conseguimos bajar el dato de los 10 litros.

Tacto deportivo

Un motor que le sienta como anillo al dedo, tanto si queremos gozar de la comodidad de la carretera, como si queremos afrontar un tramo con curvas. Y es que como decíamos anteriormente, este F-PACE es un SUV, sí, pero también es un Jaguar, y eso se traduce en una dinámica que, inevitablemente, tira hacia a la deportividad.

Huelga decir que los ingenieros británicos han llevado hasta el siguiente nivel el empleo del aluminio en su construcción. Así, el 80% del F-PACE emplea este ligerísimo material (el resto son aceros de alta resistencia), logrando que el peso final de nuestra unidad se sitúe en unos aceptables 1.878 kilos.

Una característica que se suma a un reparto de pesos ideal, 50:50 y una precisión en la puesta a punto del chasis exquisita, con una rigidez lateral, según la marca, un 50% superior a la de un Porsche Macan y a un esquema de suspensiones peculiar, con un eje delantero en el que la barra estabilizadora se integra en la propia suspensión, y un eje trasero multibrazo con amortiguadores adaptativos (en opción se halla además la suspensión pilotada con amortiguadores controlados electrónicamente con diferentes tipos de dureza).

Todo ello se traduce  en marcha en un todocamino ágil y muy divertido, el cual ofrece, adicionalmente, un programa de conducción deportiva (Dynamic) que enfatiza ese nervio y modifica los diferentes parámetros del vehículo (motor, dirección, transmisión…) hacia un punto más picante.

Se atreve con todo

Pero no solo de pista asfaltada vive este F-PACE, porque Jaguar ha tirado de la relación que le une con Land Rover para adquirir toda la experiencia de su marca hermana en lo que a conducción off road se refiere. De esta forma, el SUV inglés está más cerca de ser un todoterreno que un todocamino, gracias por un lado a los buenos ángulos de ataque y salida que ofrece (25 y 26º, respectivamente), a los 21,3 centímetros de altura libre al suelo o a los neumáticos Goodyear Eagle F1 AT SUV 4×4 en medida 255/60 R18 M+S que montaba nuestra unidad y que le garantizan un total agarre fuera del asfalto.

A muchos puede no cuadrarles ver el logo del felino lleno sucio, con polvo o lleno de barro, como tampoco les hará mucha gracia meterlo en el típico camino de cabras al que muchos de sus rivales miran con temor, pero este F-PACE les asegura una experiencia de garantías, sin medias tintas.

Para ello, como decimos, se respalda en la experiencia de Land Rover, quien le cede gustosamente la tecnología Adaptive Surface Response, mediante la que analiza y detecta el terreno para adaptar el reparto de tracción y el control de estabilidad. A él se le une un control de descenso de pendientes All Surface Progress Control que permite programar una velocidad de entre 1 y 30 km/h y olvidarnos de todo salvo de controlar el volante.

A tener en cuenta

En definitiva, dicen que las primeras veces no suelen ser satisfactorias aunque sí suelen ser para recordar. Pues bien, este F-PACE no solo ha sido un producto de éxito para Jaguar sino que su grado de satisfacción ha sido tal que, como te hemos dicho, la marca ya se ha aventurado a ampliar la cartera de todocaminos en su gama. Si tanto el E-PACE como el I-PACE cuentan con la mitad de las bondades que su hermano mayor, tendrán mucho camino ganado.

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