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“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.”. Francisco de Quevedo

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La versión 2.0 160 CV LuxuryProbamos el Mazda MX-5: Inmortal

Mientras que el resto envejecemos, por el Mazda MX-5 no pasan los años. La cuarta generación del Miata gana en atractivo y tecnología, al tiempo que mejora una de sus principales cualidades, el dinamismo. Ingredientes principales de una mezcla que nos permitirán rejuvenecer unos cuantos años. ¿Quieres saber por qué? Sigue leyendo.

El MX-5 y un servidor pertenecemos a la misma quinta. Esa que nació en los ochenta y que creció con series como Bola de Dragón, Oliver y Benji, Sensación de Vivir o Los ladrones van a la oficina. Si bien entre uno y otro nos llevamos cinco años de diferencia, con la cuenta desfavorable hacia mi persona, lo cierto es que el modelo japonés luce cada día más joven, mientras que el que suscribe estas líneas ha perdido pelo, tiene más arrugas y mucha más barba. En definitiva, ha envejecido. Quizá por eso, para descubrir por qué el MX-5 parece ser el Connor McLeod –‘prota’ de Los Inmortales- del mundo del automóvil, haya decidido exprimirle a fondo en esta prueba.

Alma en movimiento

Comienzo a buscar los ingredientes de esa receta y, casi sin quererlo, me topo con el primero de ellos: el diseño. La cuarta generación del roadster japonés ha actualizado por completo su estética hasta el punto de ser el modelo que mejor representa la filosofía KODO de la marca. Un término que se traduce como “Alma en movimiento” y que le viene como anillo al dedo a nuestro protagonista.

De su figura externa destaca, sobre todo, el frontal, con un capó que ha ganado protagonismo alargando sus líneas y ganando algo de músculo. Llama la atención lo bajo de su calandra y, sobre todo, lo pequeños que son ahora sus faros, los cuales, pueden añadir la tecnología Full LED, y que se combinan con unas luces diurnas, también de LED, en posición inclinada situadas en los laterales del paragolpes para potenciar la anchura del frontal.

Por su parte, la zaga ofrece un aspecto más musculoso, secundado por unos faros traseros LED con forma redondeada y por una doble salida de escape situada en la parte derecha. Quizá es menos llamativa que la delantera, pero lo cierto es que, en líneas generales, el MX-5 ofrece mucho más empaque visual, aunque la ficha técnica nos diga lo contrario. Y es que con los datos en la mano, vemos que este Miata es el más pequeño jamás fabricado, ya que frente a su predecesor, la longitud y la altura se han reducido en 85 y 10 milímetros, respectivamente. Eso sí, la anchura ha aumentado en 15 milímetros, otorgándole esa presencia antes mencionada.

Mecanismo manual

Otro de los ingredientes de esta pócima de juventud es, sin duda su capota. Si preguntas a cualquier entusiasta de los deportivos cómo ha de ser el techo de un descapotable, la respuesta siempre será “de lona”. Pues bien, el MX-5 es fiel a la tradición y equipa una capota de lona que está muy bien resuelta –aunque la firma nipona acaba de poner a la venta una variante con techo duro denominado MX-5 RF-. Con ella puesta, el asilamiento externo es muy notable y los remates parecen estar perfectamente acabados.

Además, ofrece un accionamiento extremadamente sencillo. Aunque no hay que pulsar ningún botón, ni para quitarla o ponerla será necesario salir del asiento. Solamente habrá que desanclarla del marco del parabrisas y realizar una parábola hasta encajarla en la parte trasera, donde queda perfectamente doblada. Si bien la acción de descapotado es algo más engorrosa, porque habrá que empujarla con fuerza hasta que suene el ‘clack’, el nuevo muelle de asistencia instalado es práctico a la que vez que útil.

Modo analógico

Una vez eliminamos cualquier ‘barrera’ entre nuestra cabeza y el cielo, podemos salir un momento para contemplar el excelente trabajo realizado en el habitáculo. Echamos un vistazo a lo que nos rodea… que a decir verdad no es mucho. Y es que Mazda no ha querido sobrecargar el habitáculo y este Miata parece retroceder a un tiempo en donde los vehículos no estaban repletos de cables o tecnología, y solo necesitaban un volante, una palanca de cambios y tres pedales.

Con ello no queremos decir que esté anticuado, sino que no necesita más para hacernos felices. Eso sí, para aumentar ese grado de satisfacción, nuestra unidad equipaba, entre otros, elementos como los asientos Recaro calefactables, el sistema multimedia con pantalla de 7 pulgadas o un potente equipo de sonido firmado por BOSE con 9 altavoces, en el que dos de ellos se hallan integrados en el reposacabezas del conductor. Un elenco tecnológico que, como decimos, se entremezcla con otros elementos sencillos y más rudimentarios, tales como el deflector trasero de plástico que, para nada, desentona con el conjunto.

Espacio limitado

De lo que sí hay que avisar es que este MX-5 sigue siendo un deportivo hecho para personas menuditas. Ni siquiera el haber retrasado los dos asientos 15 milímetros le sirve para tener un habitáculo más espacioso. Así, todo aquel que sobrepase los 185 centímetros viajará con serios apuros para no ir doblado. A todo ello, hay que sumar una alarmante escasez de huecos portaobjetos donde dejar nuestras pertenencias. Por no tener, no hay ni guantera. En su lugar existe un cofre tras los asientos traseros que, enseguida se inutilizará al guardar la documentación y el libro de instrucciones.

El único algo más grande y que solo nos permitirá depositar la cartera o el móvil –pero no los dos a la vez- es el situado bajo la consola central. Por su parte, el maletero también ha perdido algo de capacidad, 25 litros para ser más exactos, aunque los 130 litros disponibles cuentan son algo más aprovechables en lo que a forma se refiere.

Como una droga

De los dos motores disponibles, en elhedonista.es hemos optado por el más potente, es decir, el 2.0 SKYACTIV-G de 160 CV. Un bloque que ya empleaba la generación anterior pero al que se ha añadido la tecnología SKYACTIV made in Mazda, mejorando la respuesta desde bajas vueltas y, sobre todo, el consumo, cifrado en algo menos de 7 litros a los 100 kilómetros. De esta forma, aunque los 200 Nm de par estén disponibles a partir de las 4.600 rpm, desde las 2.000 ya empezamos a notar cierto empuje.

Un bloque exquisito que se combina con una caja de cambios manual de seis relaciones, con el típico tacto duro del modelo, con unas relaciones tirando a cortas que transfiere toda la potencia directamente al eje trasero… vamos, como tiene que ser un deportivo: potente, durito y de propulsión. Si además, le añadimos un peso final de solo 1.090 kilos –gracias al empleo de materiales ligeros como el aluminio-, empezamos a entender por qué estar subido a él no solo crea adicción, sino que nos va quitando años de encima. Esto, unido a un chasis revisado que ha mejorado la rigidez estructural, a una dirección asistida dual, le convierten en todo un ‘traza curvas’.

A partir de ahí, solo tenemos que dejarnos llevar. La sonoridad del motor nos abraza por completo, mientras gustosamente vamos jugueteando con el pomo del cambio. La dirección ha ganado también en precisión y el aplomo de la carrocería nos permite aumentar el ritmo allí donde normalmente no lo haríamos… siempre y cuando llevemos conectado el control de estabilidad. De otro modo, el eje trasero nos brindará más de una derrapada, como si estuviéramos llevando a un verdadero miura de 800 CV.

Y es que este sea quizá el gran secreto del MX-5: el permitirnos sobrepasar los límites con pasmosa facilidad, divirtiéndonos y con total seguridad. Pide ser conducido enérgicamente, sin titubeos, como si estuviéramos a punto de hacer puenting. La suspensión es cómoda para circular por carretera, aunque en tramos muy virados quizá se echa en falta algo más de sujeción, mientras que las sensaciones se multiplican al ir tan cerca del suelo… Adicionalmente, existe el acabado Luxury Sport, 1.800 euros más caro, que además de montar una suspensión deportiva Bilstein, añade un diferencial trasero autoblocante, el cual seguramente, aumente todavía más la diversión al volante.

Ahora bien, cual obra de teatro, en el momento en el que el telón se baja de nuevo y tenemos que salir del habitáculo, volvemos a la cruda realidad, esa en la que los años no te perdonan y eres consciente de que, sin darte cuenta y por mucho que lo intentes, te estás haciendo mayor.

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