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Mercedes-Benz E 220 d 9G-TRONICProbamos el Mercedes-Benz Clase E: Déjate llevar

La última generación de la berlina alemana nos lleva en volandas directamente hacia el futuro. Y es que gracias al sistema de conducción semiautónoma, el Mercedes-Benz Clase E es capaz de cambiar de carril sin necesidad de intervenir en la dirección.

La prueba de que los tiempos cambian la tengo frente a mis manos… o mejor dicho, ante mis ojos, porque no te miento si te digo que llevo un buen puñado de kilómetros sin poner las manos en el volante del coche que aquí os traigo, el Mercedes-Benz Clase E, sin que por ello ni mi seguridad ni la del resto de conductores se vea afectada. Pero no solo sino que he sido capaz de cambiar de carril… ¡sin intervenir en la dirección!

Seguro que más de uno ha pensado lo imprudente que suena mi acción pero tampoco os miento al decir que es una de las situaciones más seguras que he vivido dentro de un automóvil. ¿El motivo? Muy sencillo, el sistema de conducción semiautónoma  que monta la última generación de la berlina alemana y que, sin lugar a dudas, muestra lo que nos espera de aquí a unos años.

Bajo el nombre comercial de Drive Pilot, se trata de un sistema de asistencia a la conducción que funciona en conjunción con el control de velocidad de crucero adaptativo Distronic Plus, con el sistema activo por cambio involuntario de carril, con el lector de señales de tráfico y con las múltiples cámaras situadas en todo el perímetro del vehículo. El resultado, una experiencia de conducción sin parangón.

Sin miedos

Para lograrlo, simplemente has de acomodarte en el puesto de conducción, comenzar a rodar y, en cuanto te hayas hecho familiarizado con el vehículo, activar el comentado Distronic Plus y el sistema de mantenimiento de carril. Ajustamos la velocidad y la distancia que queremos mantener con los coches que nos preceden. Durante los primeros compases, observamos que el guiado entre las dos líneas del carril es perfecto, manteniendo con suavidad y sin bandazos los 4,92 metros de carrocería de nuestro protagonista.

Al poco tiempo, ‘activamos’ la segunda fase del ‘protocolo’ de conducción semi autónoma. Para ello, mantenemos pulsado durante dos segundos el intermitente. Inmediatamente, el Clase E realiza algo que nos deja boquiabiertos: suavemente, cambia de carril y nos coloca en el lazo izquierdo de la autovía. Con el gesto de sorpresa todavía copando nuestro rostro, repetimos operación, esta vez hacia la derecha, volviendo al lugar del que veníamos. Durante los siguientes 1.000 metros realizamos la misma operación un par de veces más, siendo conscientes de que el resto de conductores puede estar pensando o que no estamos en plenas facultades o que nos hemos vuelto locos.

Únicamente al detectar la llegada de un coche por el retrovisor, la acción se detiene. Entonces, el Clase E nos mantendrá en nuestro carril, siguiendo sosegadamente la marcha mientras vamos toqueteamos el resto de comandos y botones del volante… hasta que en el cuadro de instrumentos aparece una señal que nos advierte que ya está bien, que va siendo hora que nos dejemos de tonterías y pongamos las manos donde corresponde, que para eso estamos conduciendo.

En caso de que hiciéramos caso omiso, bien por nuestra cabezonería o porque nos ha pasado algo más grave, el coche activaría las luces de emergencia, reduciría la velocidad y se detendría con seguridad dentro el carril.

Si algo funciona… mejóralo

Aunque este sistema de asistencia es, sin lugar a dudas, el elemento más destacado del nuevo Clase E, la nueva generación de la berlina alemana esconde un sinfín de novedades. Bien es cierto que por fuera, como buena marca alemana, los diseñadores han preferido realizar cambios más sutiles. Con una línea que se desmarca poco de la de su predecesor y que le acerca al patrón impuesto en el Clase C y Clase S. No obstante, cabe destacar la labor aerodinámica realizada, pues nuestro protagonista presenta el Cx más bajo de su categoría, 0,23. Del ‘envoltorio’ sobresalen, principalmente, los nuevos faros delanteros matriciales Multibeam LED, tecnología que estrenó hace años Audi en su A8 y que ahora está casi implantada en cualquier modelo, aunque en el caso de la berlina de la estrella, lo cierto es que su potencia y su haz, están por encima de la media.

Pero como decíamos, y como suele ser habitual en la mayoría de fabricantes alemanes, Mercedes-Benz prefiere sorprender de ‘puertas para adentro’. Así, contemplamos un habitáculo en el que cambia todo. Desde la habitabilidad hasta el diseño de la consola central, pasando, cómo no por el confort de marcha. Si nos ceñimos al espacio, nuestro protagonista ha dado un salto importante para acercarse a sus dos principales rivales, y referentes del segmento, Audi A6 y BMW Serie 5. Parte de culpa la tiene un crecimiento desmedido de sus dimensiones, que le acerca casi a lo que medía un Clase S hace unos cuantos años. Con la comentada longitud de 4,92 metros, el Clase E también presenta una anchura de 1,85 metros y una altura de 1,47. Sobre el papel, estamos ante un vehículo que ha crecido, sobre todo, a lo largo, concretamente 4,3 centímetros.

Un aumento que también repercute en una distancia entre ejes 6,5 centímetros mayor, cifrada ahora a los 2,94 metros. Por su parte, los anchos de vía también son más generosos con 1,62 m delante -2 cm más- y 1,63 detrás -0,7 cm más-. Todo ello se traduce en un habitáculo espacioso, con una segunda fila muy generosa en la que tres adultos podrán acomodarse sin demasiados problemas, aunque el que ocupe la plaza central tendrá que sufrir un respaldo más duro y un túnel central más voluminoso. Las butacas exteriores sí son cómodas, y nos permitirán afrontar largos viajes sin que aparezca la fatiga. El maletero, por su parte, ve reducida su capacidad en 10 litros, hasta los 540 litros. Lo bueno es que presenta unas formas regulares y, sobre todo, una boca amplia que facilita la carga de objetos. En su parte final, el piso está algo más elevado, por lo que será conveniente meter los bultos más voluminosos al final.

Oda tecnológica

Delante, el espacio no será un problema. Los asientos de nuestra unidad eran muy cómodos y presentaban una sujeción lateral elevada. Los nuestros estaban calefactados, y en opción, existe la posibilidad de añadir la función de masaje y la ventilación. Existe otra opción, denominada ‘asientos multicontorno’ que ofrecen unos cojines hinchables para adaptar la forma a nuestro cuerpo –función que hereda del Clase S-.

Ahora bien si tenemos que destacar algo de este nuevo Clase E es, sin duda, su salpicadero.  Con un ambiente minimalista, los ajustes y materiales empleados son de alta calidad. Solo el embellecedor de plástico en negro brillante que recubre parte de la consola central rebaja un grado su apariencia, porque es fácil que se ralle y se dejen las huellas impregnadas con facilidad, además de que cruje al presionarlo. La firma alemana ha reducido al máximo los botones de la consola central, dando un aspecto más pulcro y sencillo. En el túnel central, se encuentran algunos de los mandos pertenecientes a la suspensión, las cámaras o el volumen, al tiempo que se halla el comando que permite navegar a través del sistema multimedia –mediante una superficie táctil o un mando giratorio-.

Un sistema que se visiona en la segunda gran novedad de este Clase E: la pantalla central. Heredado directamente del Clase S se trata de un sistema compuesto por dos pantallas digitales de 12,3 pulgadas que se unen bajo una misma estructura. Como casi todo en el modelo, se trata de un elemento opcional –cuesta 2.200 euros- pero le otorga una apariencia excelente. El cuadro de instrumentos digital ofrece un altísimo contraste y se puede configurar bajo tres estilos: Sport, Clásico y Progresivo. Es similar al Audi virtual cockpit que estrenó su compatriota en el Audi TT, pudiendo visualizar desde el ordenador de a bordo, hasta el navegador, pasando por los asistentes de seguridad, entre otros.

Cada pantalla puede manejarse a través del volante, el cual presenta unos innovadores botones táctiles capacitivos similares a los de un teléfono móvil. Nos ha resultado muy agradables al tacto aunque la rapidez de las órdenes podría ser más veloz. Todo ello se puede complementar con un Head-up Display, a color, que muestra datos como la velocidad, las señales o las indicaciones de la navegación, entre otros. Eso sí, para regularlo, es necesario navegar entre varios submenús, circunstancia que quizá sea la mayor lacra de este modelo.

Viaja sin parar

Para ‘moverle’, decidimos optar por el motor diésel más equilibrado de toda la gama, el cual da nombre a la versión E 220 d. Se trata de un bloque de cuatro cilindros, turboalimentado, de 2,0 litros de cilindrada que genera 194 CV y un excelente par de 400 Nm. Es un propulsor excelente en cualquier régimen de actuación, aunque entre sus pegas, nos ha parecido algo ruidoso tanto al ralentí –en frío-, como en las fases de aceleración… incluso pese a que el habitáculo está perfectamente insonorizado.

El encargado de gestionar y repartir el potencial a las ruedas traseras es la transmisión automática de nueve velocidades, 9G-TRONIC, ya que se convierte en la única opción disponible para este motor. Es un cambio muy rápido en las transiciones y la novena marcha permite que la aguja del cuentarrevoluciones gire por debajo de 1.500 vueltas cuando vamos a 120 km/h, logrando que el gasto de combustible se reduzca. No en vano, durante la prueba, el ordenador ha marcado poco más de 6 litros, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta sus características.

Dinámicamente, nuestra unidad, equipada con el acabado AMG Line, también incluía el tren de rodaje Agility Control, con una suspensión que varía su dureza en función del modo de conducción elegido: ECO, Comfort, Sport y Sport+. Con los dos primeros, la amortiguación tira a blanda, mientras que con los dos últimos gana en firmeza. Además, con cada uno de ellos, cambian los parámetros de respuesta del motor, caja de cambios y tacto de la dirección. En el caso de elegir los dos últimos, podemos hacer alguna que otra escapada hacia zonas viradas para comprobar que pese a su tamaño, el Clase E es capaz de comportarse de manera deportiva. El chasis presenta una puesta a punto perfecta, aunque sufrirá en los cambios de apoyo acusados. Por todo ello, el E 220 d se convierte en una opción mucho más rutera, con el que podemos ‘devorar’ kilómetros con pasmosa facilidad…, más aún si buena parte de ella, nos asiste tan bien como te hemos comentado al principio de esta prueba.

Échale tiempo

Eso sí, has de saber que los precios parten de los 51.101 € para esta versión, que se incrementan hasta los 66.256 € si decides incorporar los elementos de los que hacía gala nuestra unidad, tales como el paquete AMG Line exterior, el Avantgarde interior, los faros delanteros LED, el sistema de conducción autónoma Pilot Driving, el Head-up Display, el sistema Command Online, el acceso y arranque sin llave, el sistema de aparcamiento Parktronic, los faros Multibeam LED… Pero además, dicha factura puede ‘engordar’ todavía más si sigues indagando y eligiendo el resto de innumerables opcionales de los que dispone y que te harán estar pegado delante del ordenador, o de tu comercial, durante varios minutos.

Eso sí, cuando acabes, los sentimientos de satisfacción e impaciencia lucharán entre sí. El primero, por haber elegido una de las berlinas más modernas y exquisitas del mercado; y el segundo, porque estarás deseando que te den las llaves para poder probar todo lo que esconde.

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