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El hotel Fontecruz, lujo y tradición en el corazón de LisboaLisboa de ayer y hoy en el hotel Fontecruz

El único hotel de Portugal distinguido con el sello Autograph Collection, de Marriott, es un cinco estrellas boutique con la mejor ubicación para recorrer la ciudad blanca.

Tener a mano todos los barrios y encantos de Lisboa es uno de los reclamos del lujoso hotel Fontecruz, además de sus comodidades, servicio impecable y cuidada oferta gastronómica: recetas clásicas portuguesas con un toque gourmet. Sus huéspedes –nosotros los primeros– valoran la excelente ubicación de este cinco estrellas boutique, porque su atractiva fachada de azulejos verdes, que antaño cobijó una farmacia, se abre a la cosmopolita Avenida da  Liberdade, la arteria del lujo, los Ferrari y los Mercedes, de Armani, Loewe, Hugo Boss, Zidag y Voltaire… Desde esta “milla de oro”, todo el corazón lisboeta queda a tiro de piedra: Alfama, La Baixa, Chiado, el Barrio Alto…

Al entrar al Fontecruz, las 138 grandes llaves antiguas que cuelgan de la pared de la recepción ponen una nota vintage en el lobby con sabor ecléctico de este hotel moderno de vocación canalla, cuya decoración bipolar –elementos tradicionales con otros rabiosamente sofisticados– lleva la firma de la interiorista española Eva Almohacid y lo sitúa en las antípodas de los alojamientos de sabor clasicista. Al fondo, una pared llena de postales en blanco y negro de paisajes lisboetas, junto a dos baúles de madera, rinde tributo a los viajes y viajeros de antaño, aquellos que pasaban meses lejos de casa y para quienes el hotel era como su segundo hogar. Con esa vocación nació este Fontecruz. Sus propietarios, los hermanos abulenses Diego y Hugo Ortega, son propietarios de otros establecimientos hoteleros en España, también en el corazón de ciudades monumentales: Toledo, Sevilla y Ávila.

Las imágenes en blanco y negro de la Lisboa de antaño destacan en todas las habitaciones de este Fontecruz, donde los cabeceros de las camas son esas mismas postales en formato gigante: distinguimos la torre de Belem, la catedral, la plaza do Comerço, el monasterio de los Jerónimos, la plaza Restauradores… Los baúles como mesillas de noche refuerzan la nostalgia. Y nuestros sueños, en compañía de unas y otros, también alzan el vuelo viajero.

Son 72 las habitaciones, 66 en el edificio principal y seis en un anexo al otro lado de una acogedora y ambivalente terraza. Unas dan a la Avenida da Liberdade y otras al barrio de San José, con sus callecitas tortuosas y mosaico de tejados. Todas son muy amplias (desde 28 metros cuadrados hasta 77) y por supuesto, como no podías ser menos en Portugal, toallas de 600 gramos y doble rizo americano y sábanas egipcias de 500 hilos.

Pero es sin duda, en el espacio de restauración (Bistroa) y coctelería donde el hotel adquiere su dimensión más cálida y acogedora. El personal cordial y afectuoso, en la mejor tradición portuguesa, recibe y agasaja a todos los que pasan por aquí (huéspedos o no) para disfrutar del desayuno, un almuerzo, la cena o algún cóctel durante un concierto de jazz o blues. Fernando, Maritza o el mismo chef Rui Borges nos atienden, como a todos, con la mejor sonrisa e impecable profesionalidad.

Los desayunos son excelentes: un buffet amplio y selecto, elegantemente presentado, sin obscenidades, donde destacan la selección de embutidos españoles y los aceites y quesos portugueses, además de una carta bien surtida; ¡suculentos los huevos benedictine! Las materias primas del almuerzo o cena son de origen cien por cien portugués: destacan los pescados y mariscos de la lonja, las carnes procedentes de la serra da Estrela, y las verduras de temporada. Hay que probar el huevo a baja temperatura, vieiras, rodaballo, pulpo, rabo de toro y mar y montaña.

Sugerencias gastronómicas en los alrededores del hotel

Aperitivo en La Gingina: cerca de la plaza de Rossio se encuentra un local tradicional de tamaño mínimo pero lleno de encanto, donde degustar el licor de guindas, un “chupito” dulce y de alta graduación que abre el apetito (Largo Sao Domingo, 8).

Comida o cena en Solar de Presuntos: este restaurante con ambiente de casa de comidas, cuyas paredes están forradas de fotografías de famosos que han comido allí, ofrece alta cocina tradicional portuguesa, sobre todo en sus platos de pescado. Su arroz con bogavante es inmejorable (Rua Portas de Santo Antao, 150. solardopresntos.com).

Copa en JNcQUOI: a pocos metros del hotel, este modernísimo local de tres niveles reúne lo mejor de la gastronomía, la coctelería y la moda lisboetas: restaurante (piso 1), zona de copas (bajo) y tienda de ropa de lujo donde comprar hasta las 12 de la noche (sótano). Atrae a la gente guapa y moderna de la capital (Avda da Liberdade, 182, 184. www.jncquoi).

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