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Cromosoma L

El átomo de la inmensa minoría (I)

De la importancia del calcio, a pesar de representar sólo el 0,2% de todos los átomos que conforman nuestro cuerpo.

A usted, amigo, como decidido lector de El Hedonista, no será necesario que le convenza de que la belleza está en los pequeños detalles. En los sistemas vivos sucede de idéntica manera. Si bien pudiera pensar que los únicos compuestos importantes son los del carbono, el hidrógeno o el oxígeno, conviene recordar a otro mucho más minoritario. Me refiero al átomo de la inmensa minoría: el calcio. Inmensa pues no hay proceso vital en el que no juegue un papel de cierta relevancia. Minoría porque solo representa el 0,2% de todos los átomos que conforman nuestro cuerpo.

El calcio es un destacado miembro de la familia de los segundos mensajeros. Sí, hace bien en preguntarse cuál es entonces el primer mensajero. El papel de primer mensajero lo realiza una molécula necesariamente exterior a la célula. Cuando esta efectúa alguna clase de cambio químico sobre un receptor de la membrana celular, un efector interno a la célula o segundo mensajero -el calcio, para el caso que nos ocupa- activa o reprime (¡o ambas a la vez!) diferentes vías. El calcio es literalmente el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el funeral.

No contento con participar en múltiples procesos biológicos, su acción es decisiva en momentos clave de nuestra vida: la formación del embrión, el crecimiento, la manifestación de algunas emociones y, en fin, la muerte. Por supuesto sin el carbono no habría estructuras corporales ni se podría obtener energía o de no existir el oxígeno quizá aun fuésemos, como hace 3500 millones de años, una membrana con unas pocas moléculas dentro.

El niño en el bautizo. La embriogénesis es la formación del embrión desde la célula única – el cigoto- resultante de la fecundación del óvulo por el espermatozoide. El cigoto se divide generando dos células hijas. A su vez cada célula genera otras dos células hijas y así sucesivamente. Cabe preguntarse por qué cuando nacemos tenemos nuestra morfología humanoide característica y no la de un mono o una cebra. Tiene que ver con la orientación con que se dividen las células. Junto a un complejísimo programa de expresión génica, piensa bien si sospecha que el calcio interviene en este proceso: la célula se dividirá hacia la zona donde mayor sea la concentración de calcio.

La novia en la boda.  La modulación del carácter es acaso uno de los temas más complejos que se le aparecen a los neurólogos y psicólogos. Aunque hay innumerables factores que intervienen en la fisiología de los sentimientos, lo cierto es que el calcio juega un papel en el humor que manifestamos. Los cambios a los que nos referimos aquí son esos que solo notan quienes mejor nos conocen. De forma genérica, una concentración elevada de calcio en sangre suele llevar aparejado un decaimiento o una mayor pesadumbre. Por el contrario, niveles bajos se asocian con buen humor y ánimo alegre.

El muerto en el entierro. La muerte de las células es un proceso imprescindible y necesario. Si esta no se produce en el momento y en las células que debe pueden desencadenarse malformaciones o incluso cáncer. Una vez más, el calcio es un regulador de la muerte celular clave en todo el proceso. Las células eucariotas, (como las nuestras) tienen en su interior orgánulos, compartimentos que realizan una función muy concreta y especializada. Uno de ellos es la
mitocondria. En circunstancias mortales para la célula, la oncentración de calcio dentro de la mitocondria aumenta dramáticamente. Esto provoca que en las membranas de la mitocondria se forme un poro. Redoble de tambores. Al formarse este poro podrá liberarse un componente de la mitocondria, el citocromo. Si esto sucede es el fin: la célula irreversiblemente morirá.

Parece cosa de magia cómo un pequeño elemento puede determinar tantos y tan destacados procesos. ¿Intenso? Las maravillas y la influencia de este átomo minoritario aún no han acabado…

(continuará)

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