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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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El hedonista elige

La colección se llama 'Bosques imaginarios' y está dedicada al mundo del árbolDiptyque vuelve a casa por Navidad

La Navidad, tan cuestionable y tan cuestionada, nos trae también olores que nos gustan.

Cada cual empieza la Navidad por donde quiere, y toma de ella lo que le favorece. En esa época en la que quizá todos nos rendimos con gusto a las convenciones y a las tradiciones, a nosotros nos gusta que sea Diptyque con sus maravillosas velas quien ponga el aroma, y mejor por adelantado, a estos días que están por llegar, ante de que nos empalaguen los festejos y las imposturas.

Este año la casa francesa presenta la colección ‘Bosques imaginarios’ dedicada al mundo del árbol.  Con su gran verticalidad, arraiga el cielo a la tierra, desplegando esencias de carácter inesperado. Potentes y delicados, estos aromas de madera exaltan los recuerdos. Y, para esta nueva escapada sensorial, la Maison invita a Julien Colombier, reputado pintor de misteriosos bosques y de junglas encantadas. Él pondrá el ritmo, la luz y los colores; Diptyque la textura, los aromas, las fragancias para dar vida a tres ambientes originales y alegres:

Sapin (abeto). A cuyos pies se refugian la infancia, la belleza del inviernoo el recuerdo de fiestas pasadas. Los cristales aromáticos de resina se tiñen con un toque de mandarina: un encuentro inédito y sin embargo familiar, entre notas cítricas y amaderadas.

Liquidámbar. Una celebración de los encantos de la Naturaleza, que pinta de color rojo este gran árbol en otoño. Su ámbar, líquido y envolvente, se adorna de nuez moscada y
canela, para cubrirse de una faceta de azúcar moreno, con un velo suave y cálido de acentos  golosos.

Oliban (olíbano). Mil y un misterios se difunden en sus aromas suaves y orientales de incienso. Los acentos amaderados seengastan de notas frescas, de tonalidades balsámicas, en un perfume-tesoro cálido y relajante.

Sobre Julien Colombier. Nacido en 1972, vive y trabaja en París. Los estampados textiles y el Art Déco educan su mirada y su apreciación de las formas, los colores y los detalles. Primeras « hipnosis » que le acercan a Matisse o a Keith Haring, a los artistas capaces de pintar la energía de la felicidad. El joven descubre entonces la fuerza del patrón. Del motivo repetido, martillado, marcado. De su ritmo perpetuo. Sobre fondo negro, armado con pasteles y tizas, perfecciona una técnica que ocupa el espacio a través del choque entre los colores, que él utiliza como fuente de luz.

Junglas, nubes, olas y figuras geométricas no son más que pretextos para estos contrastes, y lo real se retuerce, rozando el umbral de la abstracción. Porque, aunque los prefiere universales y atemporales, sus motivos no son temas, sino que sirven más bien de soporte para crear ambientes exentos de narración y de proyección personal. Un único principio: primero, provocar un impacto frontal y bruto; y luego, transmitir la onda de choque, con
refinamiento y matices.

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