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En Campi ya Kanzi, entre Kenia y TanzaniaMaasai

De cómo los leones pueden preservar la forma de vida tradicional del pueblo Maasai.

El pueblo Maasai es la noble tribu que habla la lengua maa. Los Maasai siempre han sido especiales. Su vestimenta, en rojos y granates vistosos, son su signo externo de distinción. Lanza en mano, mantienen la calma en todo momento y muestran valor ante cualquier peligro.

Hasta hace muy poco tiempo, la forma en que un joven maasai accedía a la categoría de guerrero era dando muerte, de su propia mano, a un león. Cuando uno se encuentra con un maasai por primera vez, no puede sino estar de acuerdo con las palabras de Karen Blixen/Isak Dinesen: “La estampa de un guerrero maasai es impactante. Estos jóvenes representan una forma muy particular de inteligencia elegante. Siendo temibles y salvajes en apariencia, permanecen fieles a su propia naturaleza y a un ideal inherente. Su forma de ser, de estar y de actuar emanan de su interior; son la expresión de su raza y de su historia, y sus armas y abalorios son parte de su propia esencia, del mismo modo que las astas pertenecen al ciervo”.

Kenia reconoce más de 50 tribus nativas. Los Maasai fueron la tribu dominante a comienzos del siglo XX. Es una de las pocas que ha sabido preservar la mayor parte de sus tradiciones, costumbres y modo de vida. Igual que la naturaleza y la vida salvaje con las que coexisten, los Maasai necesitan grandes espacios. A diferencia de muchas otras tribus de África, los Maasai son un pueblo semi-nómada dedicado al pastoreo: viven con y de su ganado.

El dios de los Maasai es Engai. Ellos creen que fue él quien les creó, les entregó todo el ganado del mundo, y después creó al resto de los humanos. Los Maasai se refieren a las tribus vecinas, agricultores, pequeños cazadores y recolectores, como “Ndorobo”, el pueblo pobre. Los Maasai miden la riqueza por el tamaño del rebaño y de la manada, así que consideran pobres a las gentes que no poseen ganado. Los Maasai no tenían aldeas ni moradas permanentes. En su lugar, construían el “enkang”, un círculo de chozas, una para cada familia, rodeado de una valla circular de arbustos de espino. La mujer era la encargada de construir la choza a base de estiércol y arcilla. Periódicamente, el grupo abandonaba el enkang y construía uno nuevo en una zona con mayor abundancia de agua y pasto. Esta vida nómada prácticamente se ha extinguido: ya no hay tierras a las que trasladarse.

A los Maasai no les ha ido bien en la África moderna. Hasta la llegada de los colonos europeos, las valerosas y aguerridas tribus maasai ocuparon las tierras más fértiles. Lucharon para preservar su territorio, pero sus lanzas no alcanzaban a las tropas armadas británicas, y sus abogados jamás tuvieron opción en sus demandas ante los tribunales ingleses. En 1911, un pequeño grupo de Maasai firmó un acuerdo por el que cedían sus mejores tierras del norte (Laikipia) a los colonos blancos. Desconocían las consecuencias de sus actos y no representaban a la tribu en su totalidad, pero con ello los Maasai acabaron perdiendo dos tercios de sus propiedades y fueron reubicados en zonas menos fértiles de Kenia y Tanzania. Otras tribus de Kenia se adaptaron más rápidamente y con menos esfuerzo a los “avances”de los tiempos modernos. Los Maasai, en cambio, persisten en su forma de vida tradicional.

A medida que Kenia dedica más tierras a la agricultura, los Maasai sufren las consecuencias. Pero el desarrollo en los últimos años del ecoturismo ha tenido repercusiones positivas para este pueblo, y precisamente gracias a la protección que merecen los animales salvajes. Tradicionalmente, cuando un león mataba una vaca o unas cabras, era abatido en represalia. Mientras que en el pasado no existía la práctica de matar animales salvajes mediante el envenenamiento y los valientes guerreros daban caza a los leones a pie, armados con simpleas lanzas, hoy en día el envenenamiento mediante pesticidas baratos se ha convertido en un método común y eficaz. Así, el león se ha convertido en un animal en peligro de extinción. Su población ha descendido de los 100.000 a comienzos del siglo XX, hasta unos escasos 14.000 a 18.000 en la actualidad.

El fondo para la conservación de la vida salvaje, Maasai Wilderness Conservation Trust, apoya un programa compensatorio que permite reembolsar a cada ganadero el valor de una res atacada por un león. El programa se denomina “Wildlife Pays”y recibe el apoyo también de los turistas que pagan una tasa cuando visitan un área natural protegida. Gracias a este programa, los guerreros actúan como lions scouts, “exploradores” y defensores de los leones. Y a más leones, más empleo.

En el pasado, los Maasai y los grandes felinos convivían sin demasiadas tensiones. Este equilibrio se puede restablecer si los Maasai comprenden y aceptan el valor económico de la presencia de animales salvajes en su territorio. Sólo así se logrará garantizar el futuro de estas tierras, de la vida salvaje y del propio pueblo Maasai. El principal objetivo de Campi ya Kanzi es proteger la tierra de los Maasai para que este pueblo siga viviendo de acuerdo con sus tradiciones, si este es su deseo.

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