El Hedonista El original y único desde 2011

“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

Menu abrir sidebar

El hedonista elige

Los rosados son los más representativos, pero también hay buenos tintosVino de Cigales, adiós a los prejuicios

Enoturismo por los pueblos de la denominación de origen Cigales, en Valladolid y Palencia, a ambos lados del Pisuerga

El vino no tiene que ser siempre tinto ni solo Ribera de Duero. Para beberlo no es necesario entender ni hacer cursos de cata. Basta con disfrutarlo sin prejuicios. Eso hemos hecho en Cigales, la denominación de origen lúdica, alegre, colorida y excelente.

Esa sensación de que antes de tomarse un vino hay que hacer un máster empieza a resultar cargante. Sujetar la copa por el tallo, observar el color sobre un fondo claro, meter la nariz hasta dentro, hacer movimientos raros con la lengua… ¡Uf! Por suerte aún quedan amantes del vino que piensan que el mejor es el que nos gusta.

En Cigales hay mucha gente de esta opinión. Y ahí salen ganando. No son pocos los bodegueros de esta D. O. que retan a quien quiera a una cata a ciegas porque saben que, cuando el catador se despoja de los prejuicios, sus rosados y tintos triunfan. Y no solo en España, también en certámenes extranjeros en los que se están llevando numerosos premios.

Ponme un clarete

Esta es la frase que se ha dicho toda la vida en los bares de la comarca de Cigales. No es clarete sino rosado lo que aquí se elabora, pero la gente lo sigue llamando como siempre, como sus abuelos. La denominación de origen de Cigales es de 1991, pero está documentado que aquí ya se elaboraba vino en el siglo X.

La región vinícola de Cigales abarca trece municipios en torno a ambas márgenes del río Pisuerga, afluente destacado del Duero; doce están en la provincia de Valladolid y uno en Palencia. En todos abundan las bodegas tradicionales, donde se hacía el vino para el consumo de la familia, se almacenaba y se dedicaba una sala subterránea para pasarlo bien con los amigos. Hoy siguen igual. Esas cuevas arañadas a la tierra no siempre elaboran ya su vino, pero sirven para seguir festejando.

Todos estos pueblos tienen modificada su orografía a fuerza de excavar bodegas bajo el suelo y echar encima la tierra sobrante formando suaves colinas taladradas por una especie de periscopio, eso que aquí llaman zarceras o cerceras, que sirven para la ventilación.

El vino es el pretexto

Los viñedos de donde procede el cigales crecen en los términos municipales de Valladolid, Dueñas, Cabezón de Pisuerga, Cigales, Corcos del Valle, Cubillas de Santa Marta, Fuensaldaña, Mucientes, Quintanilla de Trigueros, San Martín de Valvení, Trigueros del Valle y Valoria la Buena.

En estos pueblos quedan vestigios abundantes de cuando el reino de Castilla andaba con sus tejemanejes de poder y se dedicaba a levantar castillos e iglesias a tutiplén. Con tanto patrimonio, el enoturismo era inevitable en la zona, y por eso se han inventado la Ruta del Vino de Cigales, una idea feliz que incluye cultura, paisajes, gastronomía y vino, por supuesto.

La Ruta del Vino de Cigales ofrece excursiones en bicicleta por el Canal de Castilla, ese que da gusto recorrer por lo plano que es y por lo lejos que deja lanzar la mirada; cuenta con rutas a caballo y también con un GR, casi a punto, por el que caminar hasta 93 km.

Ya se sabe que los pueblos de Castilla y León tienen unas iglesias impresionantes llenas de tesoros escondidos, aunque a menudo también cerradas a cal y canto, por lo que el viajero deberá preguntar al primero que se cruce quién le puede abrir. Las personas mayores suelen guardar la llave.

Hay en esta ruta museos curiosos, castillos, fortalezas y conventos, escenarios importantes por donde transcurrió nuestra movidita historia. Y, por supuesto, no faltan los buenos sitios donde comer y dormir.

Viva el enoturismo

Todo en la Ruta del Vino de Cigales queda a menos de media hora de coche, por carreteras sin curvas. El orden del recorrido da igual, no hay que agotarlo en un fin de semana y da para repetir varias veces. Pero como por algún sitio habrá que empezar, es mejor ir primero a Mucientes, que tiene oficina de turismo, visitas guiadas, las llaves de todos los sitios y una bodega-aula de interpretación en la que se entiende claramente cómo se elaboraba el vino.

En este bien montado y didáctico espacio a 15 metros bajo tierra sorprende el trabajo que se tomaban antes para cultivar, recolectar, prensar la uva y esperar la fermentación en una época sin tractores ni detectores de tufo. La humanidad debió de descubrir el vino a poco de instalarse en el planeta. Cabe suponer que en otros tiempos era más seguro que el agua y también que se consideraba algo más que una agradable bebida. Muchos viejos del lugar recuerdan que se iban a trabajar al campo con solo pan y un cántaro de vino; era todo el alimento para una jornada de dura tarea.

En Mucientes hay que visitar además la iglesia de San Pedro, del siglo XVI, declarada Bien de Interés Cultural, y su pequeña y curiosa colección de arte sacro. En la sacristía medieval, delante de las mismas cajoneras que hoy vemos, se reunieron Felipe el Hermoso y Fernando el Católico para conjurar contra Juana la Loca, en 1506.

Muy cerca está Dueñas, hoy conjunto histórico artístico y ayer refugio de reyes y amantes, donde también estuvo Fernando para conocer a Isabel. Allí se quedó un tiempo, vio nacer a su primera hija y volvió para casarse con Germana de Foix.

La iglesia, enorme, de esta villa está dedicada a Santa María de la Asunción. Tiene una capilla absidal del siglo XII, añadidos del XV y del XVI, una fachada renacentista y una gran torre herreriana; o sea, una lección de arte desde el románico al neoclásico. El retablo, construido entre 1510 y 1518, viene a ser una novela gráfica de la vida de Cristo tallada magistralmente por un maestro flamenco; restaurado en 2010, todavía se ve espectacular.

En la sacristía, como sin darle importancia, un impactante Ecce Homo de Gil de Siloé, de tamaño natural hecho en una sola pieza.

No hay que pasar por alto la sillería del coro, con centauro y sirena incluidos, con tallas de una vegetación que por entonces no se conocía en Castilla. Interesantes también son los sepulcros, uno de ellos con una escultura funeraria innovadora y otros de influencia mudéjar. Habrá que pasar aquí un rato, y no en misa.

Es peculiar la cantidad de casas cueva que hay en Dueñas. Algunas se están recuperando, se pueden visitar y nos permiten asomarnos a la vida de hasta no hace mucho.

A unos cinco kilómetros de Dueñas está el Monasterio de la Trapa, más conocido por sus chocolates que por su imponente arquitectura.

Guardería Amancio Ortega

Otro imprescindible del recorrido es Valoria la Buena. Este pueblo es famoso por celebrar la Nochevieja en agosto. También porque aquí nació la madre de Amancio Ortega y él lo recuerda cada vez que sube a su yate, al que ha bautizado como Valoria B. El empresario suele echar una mano en la financiación de las obras públicas, por eso la guardería lleva su nombre. Antes de él, muchos ilustres se fijaron en esta localidad de Castilla y gracias a eso cuenta con una iglesia preciosísima, dedicada a San Pedro, declarada Bien de Interés Cultural y varios palacios de piedra con blasones bien grandotes.

Otra curiosidad de Valoria es el Museo del Cántaro. Según se entra, parece una repetición infinita de la misma cosa, pero tras unos minutos viendo la procedencia de cada pieza, su antigüedad, la utilidad y el terrible trabajo que daba a las mujeres que acarreaban el agua, se aprecian las diferencias entre tanto cántaro.

Trigueros del Valle es otro municipio destacado de la ruta de Cigales, con una ermita a la que llaman castillo y un castillo al que llaman fortaleza. Hay una preciosa iglesia del XII, la de San Miguel Arcángel, donde han tenido el buen gusto de colocar el retablo a los pies para que no entorpezca la belleza de su ábside románico.

Los enoturistas encontrarán mucho más escondido en esta Castilla que se vende tan mal, pero que nadie se olvide: hemos venido a beber cigales.

El cigales sabe mejor en la bodega

La física tendrá sus explicaciones, pero el paladar nota que no es lo mismo un rosado fresco de bodega que enfriado en la nevera. Las cuevas están todo el año a la misma temperatura. Muchas conservan su forma de hacer vino casi como antaño, otras prensan la uva en bodegas más modernas o con más medios, y las hay también que mantienen sus antiguas instalaciones con la descomunal viga de prensado al lado de los depósitos de acero inoxidable, para enseñar con orgullo cómo hacían el vino sus antepasados.

Tanto a los modernos bodegueros de profesión como a los que siguen fabricando vino para su familia se les ilumina la cara al hablar de abuelos y bisabuelos. Algunas de estas bodegas realizan visitas guiadas por sus instalaciones, degustación de sus productos y venta directa al público. Les gusta explicar que su rosado no es un vino cualquiera, que en Cigales se trabaja de otra forma la elaboración y la fermentación a baja temperatura, que la mezcla de uvas se hace en el viñedo y no en la bodega, que ellos tienen una fruta muy buena… Hay muchas bodegas en la Ruta del Vino de Cigales.

Hiriart, en Cigales

Hiriart nació en el siglo XVIII en una localidad donde hay 350 bodegas para 400 habitantes. La mayoría son producciones familiares, pero esta tuvo pronto un carácter comercial: desde antiguo alquilaba a los demás su prensa. Hoy es de las más potentes de la región.

Sus vinos han tenido diversos premios nacionales e internacionales: el Lágrima, de color piruleta, fresco, nada dulce, y el Élite, procedente de su viñedo más viejo. También elaboran tintos roble y crianza. El 25 % de su producción se exporta a Rusia, Bélgica y Estados Unidos.

Hijos de Félix Salas, en Corcos

Otra bodega grande dentro de la pequeñez de Cigales es Hijos de Félix Salas. Está dirigida por una ingeniera y enóloga, cuarta generación de la familia, que volvió a su pueblo para ocuparse de la empresa.

Su Viña Picota es magnífico, ganó el concurso mundial de Bruselas en 2007. Elabora dos rosados más y varios tintos de calidad, como el crianza Prelado de Armedilla, que obtuvo medalla de oro en el certamen Tempranillos al Mundo en Shanghái.

Bodega Alfredo Santamaría, en Cubillas

Tercera generación de viticultores, se lanzó al mercado en 1991. Lleva ya tres medallas en concursos mundiales, la última en 2017, cuando su vino Alfredo Santamaría, un tinto crianza, fue considerado el mejor del mundo en el Concurso Mundial de Bruselas. Es 100 % tempranillo, de la añada de 2013, que, curiosamente, fue considerada malísima. Tienen otro tinto reserva, Trascasas, y dos rosados jóvenes. Exportan rosados a Bélgica (que les exige tapones de rosca), a Brasil y a EE. UU., pero pocas cantidades, porque son pequeños.

Esta bodega atrae a muchos turistas por su aire rústico y porque tienen también restaurante y alojamiento.

Hermanos Duque García, en Fuensaldaña

Segunda generación en una familia de viticultores que elaboran vinos de manera tradicional, mimando casi uno a uno sus viñedos. Su rosado es Lagar del Duque, con fusión de tempranillo, garnacha, albillo y verdejo, y un tinto con el mismo nombre. No es sencillo encontrar sus vinos, salvo en el pueblo o a través de la web de Hermanos Duque García. Una pena, o un buen pretexto para ir allí.

Que nadie espere encontrar en Cigales edificios de diseño como en La Rioja; son bodegas discretas, pequeñas, familiares, con gente dispuesta a hablarnos de su trabajo y a servirnos una copa de vino, especialmente de su rosado, porque defienden que ayuda a la digestión de carnes mejor que ningún otro, que va bien con todo, dicen, porque no les gusta hablar de maridar «ni de esos pijeríos».

El rosado es también el vino más hedonista. Como todo el mundo sabe, hay muertes repentinas, así que cuando alguien tiene un buen rosado a mano, lo mejor que puede hacer es bebérselo cuanto antes; nada de almacenarlo.


Algunas direcciones

En esta zona hay mucho patrimonio y parte de él es la gastronomía. Aquí se come muy bien. Algunos sitios:

Concejo. El Sueño del General

Nivelón en Valoria. Concejo es una hospedería en un antiguo palacio, una posada real con 14 habitaciones, cómodas, con antigüedades y de exquisito gusto. El Sueño del General es su restaurante, magnífico y sorprendente. Tienen además sus propios viñedos y bodegas. El vino Concejo es de diez, y riquísimos sus rosados Carredueñas.

La dama de la Motilla

En Fuensaldaña. Es un enorme restaurante, preparado para celebraciones numerosas, que suele estar lleno. Tienen cocina moderna y creativa, pero muy arraigada a la materia prima de la zona y a los productos locales. Aparte de la carta, ofrecen menús con buena relación calidad precio. En vinos hay de todo, pero predominan los cigales, rosados y tintos.

El Ciervo

Es un restaurante en una antigua bodega cueva, que mantiene una viga de la prensa tradicional. Tienen cocina castellana y de caza elaborada de forma creativa. En El Ciervo están muy comprometidos con la nueva gastronomía; su cocinero, David López, está también implicado en la Ruta del Vino de Cigales y en la difusión del patrimonio cultural de la comarca.

La Cueva

Otra antigua bodega, esta gigantesca, a 14 metros bajo tierra con 1300 m² de superficie y nueve comedores. La Cueva de Mucientes está preparada para grandes celebraciones, pero también cuenta con ambientes pequeños, acogedores y privados. El sitio es un auténtico museo del vino y ofrecen visitas guiadas. En la mesa, lo mejor son las carnes. Tienen una extensa carta de vinos, sobre todo de las bodegas de Cigales.

El hedonista elige

Todo esto
y mucho más
en El hedonista elige
+

Pasiones

Música

Judith Jáuregui, pianista

Miguel de Santos

Judith Jáuregui es una mujer vital, divertida, culta, viajada, reflexiva, espontánea… y una excelente piansta que siempre pone la técnica al servicio de la emoción. Si escucharla es un gran placer, conocerla un poco más, merece la pena. leer

Todo esto
y mucho más
en Pasiones
+