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La Guía Hedonista

Una experiencia únicaAsí es un viaje en el Venice Simplon-Orient Express

Salimos de Praga con destino Venecia a bordo del tren más emblemático del mundo.

Hay experiencias que realmente son únicas en este mundo y el Orient Express es una de esas. Las razones no están claras: puede que sea debido al conocido libro de Agatha Christie, porque todavía siga conservando toda la personalidad de los años 20 o porque el Venice Simplon-Orient Express una dos ciudades únicas en Europa, Praga y Venecia.

El inicio de nuestra ruta, de la que disfrutamos de la mano de la firma italiana Bulgari que aprovechó la ocasión para presentar sus nuevas fragancias masculinas Le Gemme, lo hacemos en Praga. La capital checa es tan bonita de día como de noche y en verano disfruta además de unas temperaturas envidiables, lo que hace que sea una buena ocasión para conocerla.

¿Qué ver?
Está claro que Praga está vinculada de manera directa con su reloj astronómico. Sus doce apóstoles ‘paseando’ cuando suenan las horas es una de las imágenes más fotografiadas del mundo. Pero hay más rincones de la bella ciudad que podemos inmortalizar con nuestra cámara. El puente Carlos es una maravilla de medio kilómetro cuajado de estatuas de santos que cruza el río Moldava para unir las dos partes en la que se divide la ciudad. Su catedral (finalizada en el siglo XX aunque comenzada en época medieval) y su castillo merecen también una visita y una foto desde el río (ya sea de día o de noche). En nuestro viaje con Bulgari también pudimos descubrir el palacio Lobkowicz, el único privado de Praga devuelto tras la caída del bloque comunista a sus propietarios originales y que ahora está abierto al público mostrando su valiosa colección de arte y objetos personales. La visita a la ciudad además de andando también se puede hacer en unos elegantes coches antiguos. Son muchas las posibilidades que tenemos para hacerlo.

El Loreto (el centro de peregrinación por antonomasia en el país), la casa Municipal en un elegante estilo Art Nouveau o los múltiples teatros de Praga también merecen una parada.

¿Dónde dormir?
Agustine, A Luxury Collection Hotel es uno de los establecimientos más lujosos de la ciudad. Situado en la zona antigua de Praga, está ubicado a pocos metros del emblemático puente Carlos justo debajo del famoso castillo y su catedral. Atravesando el puente llegaremos rápidamente a la plaza que alberga el archiconocido Reloj Astronómico de Praga.

¿Donde comer?
Antes de emprender nuestra ruta en el Venice Simplon-Orient Express podemos darnos un homenaje con la comida típica checa en U’Fleku. Se trata de una taberna de aire medieval donde los lujos se dejan a un lado pero la experiencia merece la pena. Que no te sorprenda si al escuchar al acordeonista algunas canciones te suenan… sí, justo, estará tocando ‘Clavelitos’.

Y llegamos al tren
Ver parado a este tren en la estación de Praga con sus botones vestidos de azul haciendo el control de pasajes es algo inolvidable. Una vez dentro nos guiarán hasta nuestro compartimento que encontraremos transformado en un pequeño salón. Por la noche mientras estamos cenando nuestro mayordomo lo transformará en un coqueto dormitorio donde descansar mecidos por el traqueteo del tren. Ver las vistas (desde los Alpes a la viñas italianas), leer, charlar o disfrutar de una copa de champán son algunas de las cosas que podemos hacer mientras disfrutamos de esta experiencia única. Pero no nos confiemos: el tiempo pasa muy rápido.

El chef Christian Bodiguel dirige desde hace 32 años un equipo de cocina que hace que nuestro viaje no sólo sea un disfrute para la vista sino también para el paladar. Sus menús son verdaderas obras de arte sobre raíles que se surten a diario de productos frescos. Y, además, el servicio es impecable. A esto hay que añadir que el desayuno, la comida y la cena se sirven en unos espectaculares salones decorados con paneles lacados y obras de Lalique. Pedir el desayuno en nuestro compartimento también es otra experiencia que podemos disfrutar.

Lo que no podemos perder de vista cuando nos montamos en el tren es que estamos en una joya de los años 20. Vamos a viajar a todo lujo… pero de los años 20, así que ya nos podemos olvidar de un baño individual: se comparte con todo el vagón. Y no hay ducha. Pero, sinceramente, con un poco de mañana eso no importa. Apañárselas como lo hacían hace casi un siglo tiene su punto y no es tan complicado.¡Palabra! Además, tendrás una anécdota más que contar.

Porque el Venice Simplon-Orient Express tiene mucho de eso: de contar. El recuerdo se mide de una forma distinta: es imborrable y, además, a nosotros nos olía a Le Gemme de Bulgari, que eso siempre es un plus. Hace tiempo leía en la portada de Vanity Fair España una frase que decía: “El éxito sabe mejor cuando todos lo envidian”. Pues bien, la envidia (sana) que provoca el contar que has viajado en un icono del siglo XX europeo bien merece esta inversión. Pocas experiencias quedan ya como esta en el mundo.

La llegada
Hay un momento del viaje cuando salimos de nuestro sueño y volvemos a la realidad. Ese es cuando nuestro mayordomo nos toca a la puerta para informarnos que en media hora recogerá nuestro equipaje para preparar la llegada a Venecia. Es en ese momento cuando nos damos cuenta que tenemos que apearnos de esta fantasía, que como decía el Segismundo de Calderón de la Barca “que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”… y quizás tenía razón.

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