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La Guía Hedonista

Bilbao, por Begoña Zubero

De su ciudad natal, podría decirse que conoce cada milímetro de tanto como la ha caminado y disfrutado.

Desde hace dos años Begoña Zubero vive entre Roma y Bilbao. De esta última, su ciudad natal, se podría decir que conoce cada milímetro. Su trabajo se mueve entre lo documental y la fotografía de espacios arquitectónicos, que hacen referencia a un pasado reciente.

En 2012, en el exterior del nuevo edificio del ayuntamiento de la ciudad del Nervión, realizó un mural fotográfico de gran formato. Fue el primer ejemplo de obra fotográfica pública de carácter permanente en la capital vasca. Le encanta nadar, comer nécoras, Cat Power y leer a Miguel de Unamuno o a F. Scott Fitzgerald . Admira a Richard Avedon y si escucha a Bernstein dirigir el sexto movimiento de la Sinfonía nº 3 de Gustav Mahler, roza el llanto. Adora Bilbao en el mes de agosto y Roma la prefiere ahora, en octubre.

Nació en 1962 y se formó entre Madrid y Nueva York. Dicen que una fábrica de calzado del norte de México conserva su horma y que allí es donde encarga las botas con las que patea el mundo. Ese rinconcito llamado Bilbao lo tiene muy pero que muy caminado.

10 pistas para un fin de semana:

1 – Dormir en:
En el Casco Viejo, Iturrienea Ostatua, con encanto y a buen precio. El Hotel Carlton, su bar tiene el exquisito encanto de lo atemporal. En Bakio, junto a la playa, Basarte, un agroturismo en el que producen además un txacolí buenísimo llamado Ados. Despiertas entre sus viñas.

2-  Una excursión recomendable por los alrededores:
Guernica no es especialmente bonita porque es de reciente construcción, pero interesa el peso de la historia. Es agradable visitar la Casa de Juntas y después, acercarse a la reserva del Uradabai. Se puede contemplar la imponente vista de la desembocadura de la ría desde el camping del Francés. Mundaka y tomar el aperitivo en su puerto y, si hay tiempo, tomar el Urdai Ferry y cruzar a la playa de Laida.

3- Un paseo dentro de la ciudad:
Desde el puente del Arenal, dirección al mar, por la margen izquierda de la ría. Lo que fueran las antiguas vías del tren son ahora un paseo hasta Zorroza. Se observa la gran trasformación de la ciudad. Otra opción es tomar el Biloboat y navegar la ría hasta Portugalete. Si el tiempo acompaña, es un paseo fantástico que muestra los cambios en la margen derecha e izquierda; el nuevo San Mamés; los antiguos astilleros de Euskalduna convertidos ahora en museo marítimo; Olabeaga; Zorrozaure; los astilleros y los antiguos altos hornos. Al final, se pasa por debajo del puente colgante con Portugalete, a un lado, y Getxo, al otro.

4- El aperitivo:
Si es fin de semana, hay que pasar por la Plaza Nueva y el Café Bilbao, el Gure Toki o el Víctor. La calle diputación es otra opción céntrica con lugares como La Viña o El Globo. Y en Indautxu, la calle Gracia Ribero. Allí hay que parar en El Puertito y tomar unas ostras; los quesos y ahumados de Gaztandegui y el vermut preparado, que es una maravilla, de El Estoril, en la Plaza de Campuzano.

5- De compras:
Muy divertida, diversa y con precios sensatos. Me refiero a Tokio Story. Persuade es moda con mayúsculas y con sentido desde hace muchos años. El espacio, además, está en consonancia con el nivel de sus colecciones. Si se buscan tesoros de los años 50, 60 y 70, hay que visitar Bombasi, en frente del Teatro Campos Elíseos. Icíar, su dueña, sabe lo que se trae entre manos: ropa, calzado, muebles, bisutería vintage… Para libros y actividades paralelas, Anti. Tampoco me olvido de las trufas de Arrese, uno de los pocos locales que ha conservado su encanto original, ni de Meltxora o la Sombrerería Gorostiaga, donde se encuentran las famosas boinas Elosegui. Hoy en desuso, pero durante años fue una prenda de los señores de Bilbao. Yo encuentro especialmente elegantes las de color azul marino.

6- Comer:
Nadie es verdaderamente bilbaíno si no conoce ‘los triángulos’ del Eme. Si se trata de marisco, la dirección, sin duda, es Marisquería El Taller. Quizás sea un poco demodé y no muy barato, pero la palabra nécora cobra sentido allí. Me gusta la Bodega Urbana porque resucita el espíritu de los antiguos despachos de vino de barrio donde puedes hacer tu propia mezcla de vino, embotellarla y personalizarla. Y, por último, Mina, original y riguroso, y el japonés Kum, con buenísima materia prima.  

7- Un buen plan:
En la plaza de la Encarnación se encuentra uno de los museos más desconocidos: El Museo de Arte Sacro. Cuenta con piezas, a partir del siglo XII, y con un encantador claustro. Luego, merece la pena acercarse al Mercado de la Ribera. Es uno de los mercados cubiertos de producto fresco más grandes de Europa, ahora cómo no, provisto también de bar y terraza para tomar algo. Antes o después, hay que perderse por la sietes calles, es decir, por el casco viejo.

8- La puesta de sol, la mejor vista, un lugar especial:
Algo muy, muy bilbaíno es tomar el funicular y subir al monte Artxanda. Viendo desde allí el ‘botxo’, se entiende mejor la ciudad.

9- De copas:
Bar Marzana, esté en el muelle del mismo nombre. Tiene solera, buenísima música y ambiente variopinto. Kendal y Basque Bar son dos buenas coctelerías; en Badulake hay actuaciones ocasionales y en el Bar Modesto, marchita moderna.

10- Una dirección (muy) secreta:

Tengo dos. Una es real, la pastelería Nueva York, en la calle Buenos Aires. Al fondo, a la derecha del salón de té, hay un rincón de dibujos de indios, que me tiene fascinada desde pequeña. Y la segunda es digital, Beletxara: moda y folk vascos.

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