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La Guía Hedonista

Una ciudad en permanente cuenta atrásPamplona se renueva

En los últimos años la capital Navarra ha vivido una silenciosa revolución en la que ha regenerado su oferta cultural y hotelera.

Pamplona es una ciudad que vive en una permanente cuenta atrás: la de las fiesta de San Fermín. Un reloj en la calle Estafeta (el de la tienda de la conocida marca de camisetas Kukuxumusu) marca los días, horas, minutos y segundos que quedan para que el Chupinazo explote en el cielo pamplonés puntual como siempre a las 12 de la mañana el día 6 de julio, víspera del día de San Fermín. A partir de ahí la fiesta se adueña de la calle y comienza la otra cuenta atrás: lo que queda para que la ciudad despida sus fiesta el 14 de julio con el ‘Pobre de mí’.

Y así año tras año sobre todo desde que Ernest Hemingway diera a conocer al mundo esta ciudad (aunque otro literato, Shakespeare, ya le diera cierto protagonismo basando su obra ‘Trabajos de amor perdido’ en una onírica corte del Reino de Navarra).

Pero, aunque suene a tópico, Pamplona es mucho más que una ciudad ligada a unas fiestas. Basta acercarse para encontrar una capital moderna, con un alto nivel de vida y pensada para disfrutar en la calle: el coche, aunque se use mucho, realmente no es necesario. Y si se le presta atención, la vieja Iruña tiene mucho que ofrecer.

Los grandes clásicos
La Catedral de Pamplona, demasiado desconocida, atesora varios hitos que la convierte en una de las más importantes de nuestro país. Su claustro gótico está considerado el más importante del gótico europeo y su fachada neoclásica, obra de Ventura Rodríguez, es el ejemplo más brillante de la arquitectura de ese periodo. Y no sólo eso, la seo pamplonesa posee uno de los recorridos históricos más impactantes de nuestro país: todos los estilos arquitectónicos, desde el románico al siglo XX, están representados en sus diferentes estancias.

El Palacio de Navarra, una joya del XIX, la Plaza del Castillo, la fachada barroca del Ayuntamiento y su plaza, las iglesias fortalezas medievales de San Saturnino y San Nicolás, la Plaza de Toros (la segunda más grande de nuestro país), la calle Estafeta, la cuesta de Santo Domingo, el Paseo de Sarasate o los parques de la Taconera (con su pequeño zoo), la Ciudadela, la Vuelta del Castillo o la Media Luna son otros de las visita obligadas cuando uno se acerca a Pamplona. Pero en los últimos tiempos la ciudad ha sufrido una pequeña revolución que la han hecho todavía más interesante.

No te puedes perder
La exposición Occidens, en la Catedral de Pamplona, es algo que nunca te esperarías encontrar en una iglesia en nuestro país. La muestra, con premios internacionales de gran prestigio, resulta una gratísima sorpresa que deja al visitante boquiabierto. La forma en la que se exponen los tesoros de la seo y el discurso expositivo hacen de ella un lugar de referencia dentro del territorio español.

La otra incorporación al panorama cultural de la ciudad ha sido el Museo Universidad de Navarra, una iniciativa nacida tras la donación de la colección de la mecenas María Josefa Huarte que lleva la firma de Rafael Moneo en el edificio (posiblemente una de las mejores obras del arquitecto navarro). Obras de Kandinsky, Picasso, Rothko, Oteiza, Tàpies, Chillida o Palazuelo entre otros comparten espacio con el fondo fotográfico de la universidad, uno de los más importante de España, nacido tras recibir el legado de la obra del genial Ortiz Echagüe.

¿Dónde dormir?
El sector hotelero también sufrió hace poco una total renovación en la que destacan sobre todo tres establecimientos. El Gran Hotel La Perla recuperó el esplendor de otros tiempos cuando era el lugar favorito de Ernest Hemingway, Ava Gardner o el Aga Khan (entre muchos otros) para pasar sus días en Pamplona. Reconvertido tras años en el olvido en un hotel gran lujo, ahora disfruta de una posición privilegiada dentro de la oferta de la ciudad.

El hotel Alma Pamplona Muga de Beloso (de reciente construcción) y el hotel Palacio Guendulain son otras dos nuevas propuestas que dejan muy bien situada a Pamplona en el terreno hostelero. El primero es un edificio contemporáneo a las afueras de la ciudad, en un lugar sereno rodeado de naturaleza, mientras que el segundo se ubica en uno de los palacios más impresionantes del caso histórico de la ciudad.

¿Dónde comer?
Varios son los nombres que vienen a la cabeza cuando uno busca la gran cocina navarra: Rodero, Europa o Alhambra destacan siempre y son una apuesta sobre seguro. La Cocina de Álex Múgica ha sido uno de los últimos en apuntarse también a este club. Pero si lo que buscamos en un ambiente más desenfadado, El Mercáo, El Goloso, La Trastienda del Colmado o La Mar Salada serán nuestros sitios.

Aunque posiblemente lo que busquemos en Pamplona sea irnos de pintxos. La calle Estafeta (con lugares como el Bar Fitero), la Plaza del Castillo donde siempre llama la atención el centenario Café Iruña (aunque son muchos los bares que no podemos perdernos allí) o la calle San Nicolás (Otano, La Mandarra, la Cocina Vasca, el Picnic) son algunas de las que concentran los más típicos. Fuera de la zona histórica, en el II Ensanche, no podemos dejar de probar la tortilla de patatas de La Navarra, toda una institución en la ciudad.

¿Una copa?
Sin movernos del Casco Viejo podemos encontrar varias propuestas muy interesantes. El Bistrot-Catedral (frente a la catedral) es un lugar con una cuidada decoración perfecto para una primera copa, lo mismo que el Kabiya, con una de las mejores terrazas de Pamplona. Eso sí, la marcha en este último puede alargarse bastante más.

Para expertos
Y si ya queremos ir un paso más allá y conocer más en profundidad Pamplona, hay varios rincones donde descubriremos obras muy destacadas que no suelen aparecer en las guías tradicionales. Por ejemplo, la iglesia de San Miguel alberga el espléndido retablo manierista de la Catedral de Pamplona. Al lado de la iglesia se encuentra el Instituto Príncipe de Viana, donde se educaron Pío Baroja y Pedro Laín Entralgo. Cerca de ella, en la iglesia de los Capuchinos, nos encontraremos un crucificado de Alonso Cano considerado una obra maestra.

Sobre las murallas de Pamplona y con vistas privilegiada de la comarca, el Archivo Real y General, una obra de Rafael Moneo sobre un palacio medieval, fue sede de reyes, obispos y virreyes y allí pasó su última noche en España José Bonaparte antes de huir a Francia.

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