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Fórmula E

El futuro ya está aquí. Carreras de coches eléctricos, la Fórmula E.

¿Qué es lo que hace apasionante una carrera de coches, la velocidad de los monoplazas o la disputa por la victoria? Lo que realmente hace afición son los adelantamientos, las persecuciones, la pelea y el triunfo en los últimos metros. La velocidad es relativa. El ruido de los motores o el olor a gasolina quemada, que forma parte del circo, del espectáculo, son accesorios y se pueden sustituir o reconvertir. Y si esto es así, los seguidores de la Fórmula 1 asistirán en los próximos años a una revolución que ya ha empezado, porque ya están aquí las carreras de coches eléctricos. Es la Fórmula E.

El 13 de septiembre arrancó en China el primer campeonato del mundo de Fórmula E. Esta competición, al igual que la Fórmula 1, está organizada y regida por las normas establecidas por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y su objetivo es promover y desarrollar las energías renovables, su uso y la movilidad basada en ellas y la sostenibilidad del planeta. Justo lo que no hacen muchos gobiernos, incluido el nuestro.

Gracias a las carreras de coches se han desarrollado muchos de los artilugios que llevan nuestros vehículos y que ni siquiera somos conscientes de que los disfrutamos. Mayores medidas de seguridad, motores más fiables y eficientes, consumos más bajos (aunque esto parezca increíble), mejores lubricantes, neumáticos con prestaciones más altas y mil componentes mecánicos y electrónicos son el fruto que recibimos del esfuerzo que realizan las marcas automovilísticas en las competiciones. Todo ese torrente de trabajo e ingenio dedicado hasta ahora al motor de gasolina, se va a trasladar ahora al coche eléctrico, a cuyo despegue definitivo asistiremos en poco tiempo. Seguro.

Diez ciudades acogerán este evento deportivo en el que participan otros tantos equipos compuestos por dos coches y dos pilotos, dos de ellos españoles, Oriol Servià y Jaime Alguersuari. Entre el resto de los pilotos que componen la parrilla de salida hay muchos nombres que son ya conocidos por haber pasado por la F1, como Bruno Senna, Nick Heidfeld, D´Ambrosio, Nelson Piquet Jr., Takuma Sato o Sebastien Buemi. Con ellos al volante, el espectáculo está asegurado.

En esta primera temporada todos compiten con el mismo monoplaza, el Spark-Renault SRT 01E, con una potencia de 270 caballos y construido con la tecnología de Renault, un motor McLaren, las baterías de Williams, el chasis de Dallara Automobili y los neumáticos Michelin, pero el próximo año cada equipo desarrollará su propio monoplaza. China y Malasia han acogido ya las dos primeras carreras y Estados Unidos, en Miami y en Las Vegas, Alemania, Mónaco, Reino Unido, Uruguay y Argentina, más otro circuito aún por confirmar, serán los anfitriones pioneros de esta electrizante prueba.

La velocidad de estos prototipos, de momento, es algo inferior a la que desarrollan sus primos de Fórmula 1, pero van deprisa, muy deprisa. Las carreras son también apasionantes, llenas de riesgo y espectacularidad, con mucho colorido y un enorme despliegue de mecánicos, pilotos, jueces y otro personal moviéndose frenéticamente para que todo en este nuevo circo funcione a la perfección. Además, al reducirse la velocidad, los circuitos, que de alguna forma se habían quedado pequeños, permiten de nuevo que haya numerosos adelantamientos y, por tanto, más emoción.

Una característica propia de la Formula E es que las carreras ya no serán ensordecedoramente ruidosas, como ahora. Al contrario, habrá que acostumbrarse casi al silencio. Se podrá escuchar el rumor de las gradas, el zumbido de los autos que correrán como si fuera un Scalextric gigante, los vítores y las exclamaciones del público cuando se caldee el ambiente. Será diferente, pero nos acostumbraremos. Y los vecinos de los circuitos podrán dormir plácidamente los días de carreras.

Otra diferencia, de momento, es que cada piloto tiene dos coches. ¿Para qué? ¿uno para ir a trabajar y otro para llevar los niños a la guardería? No, nada de eso. Ocurre que la carrera dura una hora y las baterías de los vehículos tienen una autonomía de unos 30 minutos. Así, además de gestionar bien la energía disponible, es obligatorio hacer una entrada en boxes para realizar un cambio de vehículo. Esta operación, en la que hay que perder el menor tiempo posible, es supervisada por un comisario que vigila para que se cumplan escrupulosamente todas las medidas de seguridad. Pero esto es de momento, porque seguro que los ingenieros, que discurren mucho y muy deprisa cuando tienen claro un objetivo y además les presionan, pronto inventarán unas baterías más ligeras, que acumulen más carga o que el proceso de recarga sea casi inmediato. Y cuando eso ocurra, nosotros disfrutaremos de coches eléctricos mejores y más eficientes. Y más baratos. Y el planeta Tierra nos lo agradecerá.

Asistimos a una revolución energética. Poco a poco habrá que decir adiós a los combustibles fósiles y tendremos que recurrir a la electricidad, y especialmente a la generada de forma limpia, como fuente de energía. Es el futuro y las carreras de coches con la aparición de la Fórmula E acaban de dar el primer paso en esa dirección. Si la FIA lo hace, es porque es rentable. También como espectáculo. Bienvenidos al futuro.

Una respuesta a Fórmula E

  1. No me gusta lo de cambiar de vehículo. Sería mucho más interesante un cambio rápido de batería o algo similar.

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