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Minuto 91

Los horarios del fútbol

La televisión impone horarios de locura para la Liga de fútbol en España.

“La televisión es nutritiva”, rezaba una vieja canción del grupo madrileño de música tecno Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados. Y eso lo cantaban allá por el 82, cuando el Mundial de España, el de Naranjito, que Dios tenga en su santa gloria. Tiempos aquellos en los que en este país sólo había dos canales, La 1 y el UHF, la emisión y los humanos descansaban por la noche y el fútbol ocupaba un espacio relativamente razonable en la programación.

Han pasado más de treinta años y ahora, como emulando a la famosa y antigua ardilla, una persona puede ir saltando de canal en canal y recorrer la semana viendo fútbol casi permanentemente. Es cierto que es a través de los llamados canales de pago, y algunos libres, y con partidos de ligas extranjeras, a veces francamente exóticas, entrenamientos y noticias y repeticiones de encuentros históricos, y también en directo y de rabiosa actualidad. Por poner un ejemplo, una jornada normal del Campeonato de Liga en España empieza el viernes y termina el lunes. Pero esto, en lugar de ser una ventaja, no deja de ser una locura.

Ya sabemos que quien paga manda y que la Liga de Fútbol Profesional (LFP) reparte entre los equipos, de forma no muy equitativa, un cerro de millones procedentes de la venta de los derechos televisivos. Al parecer, la imposibilidad técnica de una de las plataformas implicadas en el asunto de retransmitir varios partidos a la vez, tiene mucho que ver con el actual disparate de horarios. Esta deficiencia, y el deseo de no pisarse a sí mismo, imponen unos horarios bastante sorprendentes. También podrían preguntar a sus colegas de otros países cómo lo hacen y solucionarlo, porque en la Bundesliga, la Premier o el Calcio, eso no pasa. En esas ligas, que no son menores ni mucho menos, el grueso de los partidos se juega a la misma hora y el negocio del fútbol en televisión en Alemania, Inglaterra o Italia, de momento, es rentable.

¿Tiene alguna lógica empezar una jornada del campeonato español de liga un viernes por la noche y terminarla en la madrugada del martes? ¿Existe demanda para ver esos partidos? Puede ser que exista un aficionado tan recalcitrante, y un poco asocial, que viva pendiente del fútbol, que sólo vea fútbol, que se trague todos los partidos. Afortunadamente para la sociedad son pocos los que están dispuestos a zamparse un Almería – Granada, o similar, un viernes por la noche.

Además, y eso es lo que nos parece más insultante, se comete la injusticia de condenar a ciertos equipos, sólo a algunos, a jugar o el viernes o el lunes. Esa movilidad de horarios ha condenado a algunos clubs a jugar casi en familia y a que sus gradas estén prácticamente vacías, lo que es tristísimo. El caso más llamativo es el del Getafe, un equipo cuya existencia es ya de por sí complicada pues es una ciudad dormitorio y sus habitantes suelen ser hinchas de Real Madrid o del Atleti antes que del equipo local. Si a este club modesto y con problemas de arraigo le sumamos que la LFP le designa el horario del lunes, que empieza a las diez de la noche, para muchos de sus partidos en casa, aquello es una ruina.

Porque, ¿quién está dispuesto a acudir a un campo de fútbol, en diciembre o en enero, a las diez de la noche, un lunes, y acostarse, entre unas cosas y otras, a la una de la madrugada o más? Hay que ser muy seguidor de tus colores. Y además pagar por eso. De los niños mejor ni hablamos. Se acabó el público infantil en esos encuentros nocturnos. Crear afición, se llama eso.

El partido de los viernes, aunque no es tan mal día, también tienen lo suyo. Después de una semana de trabajo y estrés, hay que salir corriendo para llegar al estadio y ver el encuentro, que empieza a las once, en invierno a las diez, y luego volver a casa o quedar con los amigos que no son aficionados, o atender otros compromisos. Imposible. Otra vez las gradas a medias y la imagen en las pantallas, demoledora.

Y todo esto se sabe porque jamás los grandes juegan a esa hora. Ni se les ocurre poner al Madrid o al Barça un partido un lunes a las diez de la noche.

Además, todo esto tendría sentido si al menos la gente se arremolinara en torno a la televisión y viviese con pasión esos partidos. Pues no. Un viernes poca gente se queda en casa, el que no sale con amigos, se reúne con la familia o llora en un rincón. Los lunes, los que no lloran en un rincón, tienen que negociar con la familia entre una serie, una película o un programa de futuras estrellas de la canción o de futuros cocineros con estrellas Michelin. No merece la pena discutir por un Real Sociedad – Levante o un Coruña – Español.

Estos horarios no les gustan ni a los jugadores ni a los entrenadores. De hecho, algunos como Simeone o Michel ya los han puesto a caer de un burro en más de una ocasión. Las tardes del sábado y del domingo son estupendas para el fútbol. Diremos algo más, este disparate de horarios ha conseguido algo bueno: que se vuelva a imponer como sensato y atractivo el partido del domingo por la mañana. Una mañanita futbolera dominical, a poco que salga el sol, es estupenda. Un poco de casa, luego al partidito con niños, mujeres, abuelos y militares sin graduación, al salir unas cañitas, luego comida y siesta. El domingo está resuelto. Y si tu equipo ha ganado, tan feliz.

En Primera División hay diez partidos cada fin de semana por lo que perfectamente se pueden celebrar cuatro en la tarde del sábado y otros cuatro en la del domingo, además de dos matinales. Los campos se llenarían mucho más y habría colorido y sensación de espectáculo y las televisiones seguro que rentabilizarían mucho más su negocio. Las retrasmisiones de eventos deportivos deben ser de algo interesante, espectacular, que llame la atención, que incite al televidente a sentirse parte de lo que allí ocurre. Ante un estadio sin gente, casi en silencio, el telespectador siente frío, desgana y aburrimiento y fácilmente se deja arrastrar por otras ofertas más emocionantes, aunque sea “Salvame Deluxe” o un documental de La 2 sobre antílopes, ñus y leones.

El fútbol es pasión y emoción y sin eso es sopor. Y el único horario televisivo buen para el sopor es el de la siesta y ese ya está copado por otras ofertas. Démosle al fútbol el horario que se merece y dejémonos de nocturnidad y alevosía.

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