El Hedonista El original y único desde 2011

“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

Menu abrir sidebar

Minuto 91

Un día David, siempre Goliat

El aburrimiento que provoca la desigualdad puede acabar con el deporte.

No nos hagamos líos, la historia de David y Goliat es pura pamema. Resulta enternecedor que un día el enano derrote al gigantón, pero no deja de ser una cuestión de suerte que con su honda birriosa le atine, y a la primera, en todo el entrecejo y que le deje fuera de combate. El problema surge si ese enfrentamiento tiene lugar cada semana, unas cuarenta veces al año o partido de ida y vuelta. Entonces, lo normal es que el grandote le zurre de lo lindo al pequeñín. Así de simple. Y esa es la verdadera moraleja. No que el débil le gane al grande. La verdadera enseñanza es que eso ocurrió una vez y que fue pura casualidad. Un capricho de la fortuna.

En la vida, en general, es así. Y en el deporte, que en general es vida, también. Especialmente en el fútbol y particularmente en el español. La diferencia entre los grandes, Real Madrid y Barcelona, y los demás es abismal. Es cierto que hay un reducido grupito que, dependiendo de rachas, mejor o peor aprovechadas, de dirigentes y políticas y de ciclos pueden hacerles frente. Unas veces Atlético de Madrid, otras Valencia, Athletic de Bilbao o Sevilla… consiguen un trofeo, una Liga, una Copa. Poco más. Flor de un día. El resto son hormigas que, aunque una vez atinen con el tirachinas, son inmisericordemente pisoteadas. Batalla ganada, guerra perdida.

¿Es posible que, hoy en día, el Éibar, el Córdoba o el Granada ganen la Liga? ¿Puede el Rayo Vallecano o el Levante proclamarse campeón de la Copa del Rey? Francamente, no. Es absolutamente imposible. Sabemos que el dinero mueve el mundo y que la televisión mueve el dinero del deporte, pero no podemos dejar de añorar los tiempos en que, además de la cuestión económica, había épica, romanticismo e incluso… deporte.

El estadio de Ipurúa, del recién ascendido Éibar, tiene cabida para 5.250 espectadores y el club tiene un presupuesto para la temporada 2014-2015 que no llega a 20 millones de euros. En el Santiago Bernabéu caben casi 85.500 almas y en el campo de Barça, el Nou Camp, hay cabida para 99.354 aficionados. Ambas entidades tienen presupuestos que rondan los 500 millones y tienen miles de socios y abonados, disponen de rentables negocios de ventas de camisetas y merchandising, alquilan sus palcos, realizan giras millonarias, cuentan con generosos patrocinadores y han establecido un boyante negocio de compra, venta y traspaso de jugadores. Y por si todo esto fuera poco, las televisiones realizan un desequilibrado reparto de los derechos televisivos. Y ahí es donde está el dinero y ahí es donde se establece una gigantesca diferencia.

Cuanto más tienes, más ganas. Bajo ese principio funciona el fútbol español. Y bajo ese principio, las desigualdades son cada vez mayores y los campeonatos más previsibles, más tristes y monótonos. La liga inglesa, una de las más importantes del fútbol europeo, establece un sistema de reparto más equitativo, lo que permite que haya varios equipos -Liverpool, Arsenal, Chelsea y los dos Manchester- con posibilidades de ganar la liga, e incluso que surja algún tapado. En la NBA, el baloncesto americano, en donde el dinero circula con cifras mareantes, han ideado una fórmula en la que los equipos que peor han funcionado en la temporada son los primeros en elegir a las figuras que surgen de la liga universitaria; además, existe un tope salarial y un presupuesto máximo. Normalmente hay varios equipos con opciones de ganar el anillo de campeón cada año y los campeones suelen durar una, dos o tres temporadas. Pero no muchas más.

Seguramente, los hinchas incondicionales están encantados de que su equipo le zurre al de abajo, porque, además, siempre hay uno peor, más mísero. Otra cosa es el aficionado al fútbol como deporte. Ese que ansía ver igualdad, emoción, buen juego. El que va a un campo o se sienta ante el televisor para ver un enfrentamiento entre iguales, pero con ideas futbolísticas diferentes. O similares pero elaboradas con su propio estilo.

¿Quién pagaría por ir a ver cada semana a Goliat zurrando de lo lindo a David? Pues estarían los fanáticos de Goliat, rugiendo enfervorecidos ante cada sopapo que soltase el grandullón, y unos cuantos acérrimos de David, tristones o animosos, depende del día, esperando otro milagro. Avisamos, o el sistema cambia o el aburrimiento terminará con el fútbol. Lo aburrido, lo previsible, no es negocio y el fútbol cada vez lo es más.

Una respuesta a Un día David, siempre Goliat

  1. Pablo dijo:

    Es verdad que año tras año en nuestra liga sabemos que gana el Madrid o el Barsa. Y de manera extraordinaria algún otro, como el Athletico.
    Pero también es verdad que son los jugadores los que meten los goles. Mejores jugadores, mejor equipo, más goles. El dinero pone los jugadores, luego el dinero se convierte en goles.
    Pero en la NBA los equipos ‘malos’ de la temporada que eligen a los nuevos jugadores tienen tanto dinero como los buenos de ese año. Un Granada no podría pagar la ficha de un jugador galáctico aunque tuviese preferencia para elegirlo.
    Difícil solución.

Minuto 91

Minuto 91

Dioses endiosados

Miguel de Santos

Neymar, Bale, Isco… Los nuevos talentos de la Liga apenas superan los 20 años. Sus ingresos no siempre sustentan excentricidades.
leer

Todo esto
y mucho más
en Minuto 91
+