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Música

Canciones de otoño (y 3)

Allí donde la naturaleza se vuelve salvaje, Nathan Chud encuentra un lugar para escribir su música.

Otoño es dejar discurrir un libro entre las manos. Sentir como se desliza el tiempo, página a página, palabra tras palabra, mientras acompasa de fondo el pertinaz tictacneo de un reloj leyendo las horas. Aventuras y ensayos, misterios, biografías o reflexiones tras un cristal que amarillea primero, pinta en ocre después y termina desnudo como la rama del árbol que refleja. Escuchar a Nathan Chud.

Hay un otoño en rural y otro en urbano. Los hay pasivos y los hay vitales. Son otoños calados de sol o empapados de fina lluvia. Unos se pasan envueltos en sillón y manta, arropados por una taza de té humeante, en buena compañía de bizcocho, pastas y soledad. Otros salen de paseo, abrigados pero ligeros y pisando, a pasos serenos pero decididos, brillos que decaen y tibias sombras alargadas. Asoman las primeras gorras, que siempre lucen elegantes, y algunas bufandas, viejas pero bien conservadas, que desempolvan su protectora naftalina mientras se burlan de los primeros fríos. Es el momento de aquellos jerséis, compañeros y camaradas, que hace tiempo llegaron para hacerse favoritos. Todo esto, solamente en otoño.

“Amo el otoño” es un buen título para una canción. En el sur de Alaska, en su parte central, cerca de la ciudad de Anchorage, en el corazón de la última gran frontera, allí donde todo es todavía hermoso, inmenso y salvaje, también los otoños, vive un músico, Nathan Chud. Allí tiene su casa, entre las montañas que forman el Valle Matanuska, en una pequeña localidad llamada Palmer. En aquel rincón rebosante de naturaleza y entre veranos disfrazados de otoño escribe sus canciones. Música que vadea las orillas del folk y del rock y que se asoma a las aguas del jazz. Melodías construidas entre acordes que dibujan influencias de Jack Johnson, de Jon Foreman o de John Mayer. Sencillas y agradables, naturales y consistentes canciones.

Siete meses de paciente y cuidadoso trabajo ha tardado Nathan Chud en completar “On The Edge Of The In Between”, un disco cuya grabación y edición en formato físico ha sido posible hacer realidad mediante una preventa a pequeños mecenas, amigos y seguidores, realizada a través de una campaña de financiación de Kickstarter. Tiempos modernos para lo bueno y para lo malo. La versión digital, tan etérea e informe, está disponible en los lugares habituales para estas cosas cuya existencia la mano no las puede confirmar pero cuya escucha es, más o menos, similar. El cd está localizable a través de su propia web.

“I Love The Autum” es una de las canciones que conforman este álbum y también un momento de pausa; algo tan otoñal. Tiempo entre paréntesis, el que cierra el verano, con sus cálidas esperanzas y sus noches de sudorosa luna al borde del mar, y el que abre el invierno, de frías estrellas que brillan con deseos de un tiempo nuevo, una nueva esperanza. Amo el otoño porque no pretende ser nada más que eso: simple otoño.

I love the autumn 

Leaves are falling
They spin and stall and hit the ground
My worries are following
Beauty sings without a sound

I love the autumn
The smell in the air
The captivating color everywhere
The death of the green tree
Is bringing this heart to life
The deepest part of me just sighs

Summer’s fading
Winter’s knocking at the door
I stand in the waiting
Hoping this harvest will last a little more

The sky is golden
Filled with sojourning geese
Reminding this pilgrim
The journey is the place my soul is most complete

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