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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Paris, Rive Gauche

Bill Viola Inunda el Grand Palais

París acoge a uno de los padres del Videoarte en la primera retrospectiva que Francia concede al artista.

El universo de Bill Viola se hace un hueco en París, ciudad que recibe la primera retrospectiva dedicada al Videoarte en toda Francia. Centrada en las preguntas ‘¿Quién soy?’ ‘¿Dónde estoy?’ ‘Y ¿Adónde voy?’, y con el agua y el tiempo como temas recurrentes, la exposición invita a los visitantes a viajar entre las obras de un artista cuyo imaginario ha conquistado el mundo del arte contemporáneo.

Como si de una profecía se tratase, decenas de personas se arremolinan en torno a la boca de metro, intentando protegerse de la lluvia. Intento abrirme un hueco entre la muchedumbre de Champs-Élysées cuando una luz rompe el cielo teñido de gris, y poco después se escucha un fuerte trueno que resuena por la ciudad durante varios segundos. Todos huyen de las nubes oscuras que amenazan con empapar las calles, mientras yo me apresuro a entrar en el Grand Palais sin paraguas con el que protegerme.

Es miércoles por la mañana, y aunque confieso que no esperaba encontrar mucha gente, un pequeño grupo hace cola para entrar en la exposición. “¿Estarán refugiándose de la lluvia?” pienso para mis adentros al mismo tiempo que recojo mi ticket. Me fijo discretamente en sus caras, en sus gestos, e intento espiar alguna de sus conversaciones, pero el ambiente más parece una peregrinación que una visita al museo.
Decido no darle más vueltas, y mientras subo las escaleras escucho a un hombre leer las últimas líneas del texto que da la bienvenida: “Esta exposición nos invita a sumergirnos en cada etapa, en cada faceta de este fascinante viaje espiritual ofrecido por el extraordinario universo de Bill Viola”.

Cruzamos las puertas de una exposición cuya atmósfera es digna de los antiguos templos paganos que rezaban a la vida y a la muerte. Nos recibe una instalación en la que dos pantallas se enfrentan una sobre la otra. En la inferior un bebé duerme plácidamente. Sobre ella vemos la imagen de un hombre que da sus últimas bocanadas de aire antes de morir. El silencio se ve interrumpido en ocasiones por los gritos del propio artista, quien se representa a sí mismo en una obra continua titulada Seven attempts to achieve Inmortality (Siete intentos de alcanzar la Inmortalidad).

Los visitantes deambulamos por las quince salas que conforman la exposición, en la que el agua y el tiempo se alzan como los dos elementos más recurrentes de la obra del artista. Me fijo en una mujer mayor, que se ha parado frente a una proyección titulada The Quintet of the Astonished. Aunque en un principio parece una fotografía, el movimiento se va revelando a través de las lágrimas, los abrazos y las expresiones de dolor. El desgarro se hace presente, y cobra vida de una forma insospechada, a través de la ralentización a la que el vídeo ha sido sometido por obra y gracia de Bill Viola.

Sigo avanzando entre habitaciones silenciosas y pantallas con imágenes invertidas. Algunas obras se repiten en bucle, y es difícil distinguir el comienzo del final. Otras apenas duran unos minutos, y los visitantes peregrinan de una a otra, entre fascinados y aterrados. Cruzo una puerta iluminada por una luz anaranjada, que resulta ser la proyección de un bebé en el vientre materno, y al fondo de la sala me recibe una enorme casa blanca con un 529 escrito en su puerta. En la imagen veo gente paseando, cómo un hombre roba un bolso, la forma en la que dos amantes se besan… y de pronto la muchedumbre huye despavorida, la casa tiembla y las ventanas estallan, vomitando ríos de agua que inundan la calle. Durante unos minutos, todo lo que podemos oír es el agua que resbala por las escaleras. Me fijo en el título de la obra: The Deluge (El Diluvio).

El tiempo transcurre de una forma distinta en el universo de Bill Viola. Me enfrento a velos suspendidos en el aire, mujeres escondidas en el agua, a viajes en el tiempo y a reflejos de fantasmas en un estanque. A veces la historia transcurre de forma lineal. En otras ocasiones, Viola juega con la idea de dar marcha atrás. También hay vídeos sin historia, próximos al mundo de la pintura, cuyos movimientos hipnotizan a los espectadores.

Finalmente atravieso la última de las puertas y redescubro la luz del sol. Aturdido, miro mi reloj: han pasado más de cuatro horas desde que entré en la exposición. Me hago con una copia del catálogo y regreso a las calles de París, que reflejan los rayos de luz posteriores a la tormenta. De nuevo en el metro, abro el catálogo y me cruzo con una cita de William Blake: “Si las puertas de la percepción estuvieran abiertas, entonces todo aparececía tal y como es: infinito”.

Una respuesta a Bill Viola Inunda el Grand Palais

  1. Barbara Jimenez-Alfaro dijo:

    Magnífica crónica. Gracias, Javier!

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