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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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'Un domingo, un poema'Apología y petición, de Jaime Gil de Biedma

Iniciamos una serie de Postales, 'Un domingo, un poema', con la que damos paso a la reflexión y a la emoción.

Iniciamos una serie de Postales, que nos ha gustado llamar ‘Un domingo, un poema’, con las que abrimos una puerta a la poesía y, por tanto, a la reflexión y a la emoción. No es casualidad que sea Jaime Gil de Biedma (1929-1990) el invitado a cortar la cinta para inaugurar esta nueva sección como poeta de cabecera del que escribe esta sección; y no es casualidad que lo haga con este poema tan de entonces, tan de ahora, y tan de siempre.

Apología y petición,
de Jaime Gil de Biedma

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

Este poema, en formato de sextina, fue escrito por el poeta a princiipio de los años 60 del pasado siglo, a la edad de 32 años, siendo consciente de varias realidades que le acechaban: el franquismo que sumía a la sociedad en un estado de letargo existencial; el fin de una etapa de juventud y de tránsito a la madurez con una responsabildad laboral que no le gustaba y una situación personal inestable y poco esperanzadora.

En una de sus cartas a Juan Ferraté, escribía: “En cuanto a mí, 1962 ha sido hasta ahora desastroso y complicado en todos los aspectos –desde el fisiológico hasta el sentimental- y tengo cada vez más la sensación de hundirme en este pantano deprimente de la falta de ganas”.

Sobre el porqué  de este formato poético de sextina el poeta escribió: “Sólo mediante un esquema formal enrevesado, y lo más gratuito posible, puede hoy un poeta español escribir un poema sobre España que no resulte absolutamente tonto, por la sencilla razón de que es imposible escribir sobre España un buen poema moderno”.

Sorprende que un poema con más de medio siglo siga tan de plena actualidad.

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