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“Las preguntas no son nunca indiscretas. Las respuestas, a veces, sí”. Oscar Wilde

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Rebeca Atencia y los chimpancés del Congo

Vive y trabaja en la selva como directora de The Jane Goodall Institute de Congo. Y aunque tal vez no lo sepa, es una poeta.

Hace ya unos cuantos años que Rebeca Atencia abandonó su Ferrol natal para dedicarse al rescate y la protección de los primates (junto a su pareja Fernando Turmo) en el Congo. Y lo hizo de la mano de un centro de referencia, The Jane Goodall Institute, de cuya sede en el Congo es directora. Hoy se ocupa del Centro de Recuperación de Tchimpounga aunque se apresura a aclarar que The Jane Goodall Institute no interfiere en la vida de los chimpancés salvajes, los que aparecen en la foto son chimpancés huérfanos recogidos y cuidados en el centro de rehabilitación de Tchimpounga. Queda claro.

Hemos tardado más de seis meses en completar esta entrevista pero, sin duda, la espera ha merecido la pena. Intentamos hablar con Rebeca y Fernando cuando pasaron por España durante sus últimas vacaciones de verano pero no tuvimos suerte… Sin embargo la tecnología se puso de nuestro lado y aquí está una preciosa y poética entrevista que nos habla de otras realidades que urge conocer y proteger. Aunque excede la extensión habitual de esta sección, la publicamos íntegra porque es un documento lleno de interés (y te invitamos a ver el vídeo de la liberación de Wounda en su primer aniversario… tal vez llores).

Ahora mismo, cuando miras por la ventana Rebeca ¿qué ves?
Una de las cosas que me siguen sorprendiendo día tras día de Congo, más concretamente de su selva, es la forma en la que se puede ver sin mirar, y sentir sin abrir ni tan siquiera los ojos. En la selva no ves a mucha distancia debido a la densa vegetación, pero puedes saber la hora del día por el sonido de los insectos, el mes del año por las frutas que maduran en lo alto de los árboles o incluso la  climatología del día siguiente  por los cantos de los pájaros. Eso es lo que veo desde mi ventana: la selva de nuestros orígenes, llena de señales que despiertan mis sentidos.

¿Has aprendido a captar toda esa información?
Tengo la suerte de vivir entre chimpancés, los oigo en todo momento y he aprendido a entenderlos y reconocer sus voces.  Ayer mismo, al anochecer, estábamos en casa cuando un chimpancé llamado Podibé comenzó a realizar una vocalización diferente y desgarradora. Sin ver lo que pasaba, comencé a sentir que ese chimpancé necesitaba ayuda. La oscuridad de la noche nos impedía ver por la ventana más allá de dos palmos pero gracias a lo que ellos mismos nos han enseñado, a ver con nuestros oídos, sabíamos que  un peligro acechaba. Cuando llegamos corriendo junto a Podibé descubrimos una gran serpiente pitón de metro y medio que se deslizaba sinuosamente entre los nidos de los bebes chimpancés. Al final pudimos capturarla y llevarla lejos. A través de mi ventana puedo ver, mirar, pero también oler, sentir y escuchar la vida de África.

¿Y a qué huele Congo?
Va a resultar curiosa esta respuesta, pero muchas veces Congo me huele a mi natal Galicia. La humedad entre los árboles, la ropa mojada porque te calló un chaparrón encima… pero lo que es diferente aquí es el olor de las estaciones. Cada dos meses más o menos la selva huele diferente ya que fructifica un árbol distinto. Por ejemplo ahora es la estación en la que las ramas de los árboles Irvingas se llenan de unas frutas parecidas a los mangos, así que la selva se impregna de un olor dulzón. Y lo que es más bonito es que el olor de las frutas se entremezcla con el olor de ciertas especies de animales, ya que se acercan a la zona en función del tipo de fruta disponible.

Impresionante escena la que describes…
Por ejemplo en la temporada del Badu, una fruta que sabe como los plátanos aunque tiene aspecto de patata pocha, los elefantes entran en la selva de forma brutal, dejando su marca por todas partes. En ese momento es cuando la selva empieza embadurnarse de un olor  parecido al de la casa de mi tía Flora que vivía en la aldea de Vilaboa, cerca de Ferrol,  y siempre tenía vacas. El elefante puede llegar a oler parecido a las vacas y mezclado con la vegetación y la tierra húmeda  de la selva me transporta, con los sentidos y un poco de imaginación, a una casiña de pueblo en mitad de Galicia.

Pero en Galicia no había primates… ¿Qué se siente cuando un chimpancé te abraza después de haberse recuperado y se interna en la selva?
Cuando eso ocurre se siente alegría acompañada de miedo. Miedo a la incertidumbre por lo que le pueda ocurrir, miedo a la duda de saber si realmente se adaptará a su nueva vida… Los chimpancés llegan al centro de recuperación de Tchimpounga donde trabajo muy pequeños, son unos bebés indefensos y huérfanos, con un trauma  muchas veces imposible de superar porque han visto morir a su madre delante de ellos de una forma muy sanguinaria. Aquí los recuperamos, los curamos les damos cariño, les integramos con más chimpancés y crecen con nosotros. Terminan siendo parte de nuestra familia.

Pero…
Pero sabes que un día tendrán que irse, que tienen que volver a la selva y tendrán que apañárselas por ellos mismos. La independencia. Es algo que quieres para ellos, pero que nos crea gran inquietud. Cuando un chimpancé te abraza te está dando las gracias al tiempo que te expresa la confianza que tiene en ti, en la protección que le das,  porque en el fondo tiene miedo de tener que alejarse.

Como veterinaria ¿por qué elegiste a los primates y no a los perros o las vacas de las granjas gallegas?
Supongo que forma parte de la imaginación de infancia, desde muy pequeña adoraba la naturaleza  y, aunque parezca muy inocente, mi sueño era poder comunicarme con los animales salvajes y moverme en la selva como uno más. Lo que elegí fueron los animales salvajes y dentro de ellos los más cercanos a nosotros, los chimpancés.  Mi sueño era poder convivir con ellos algún día y formar parte de sus familias. Lo que realmente me atraía de los chimpancés era la etología, conocerlos más, entender más sobre nuestros ancestros. Estudié veterinaria porque imaginé que sería la forma más  fácil de asegurarme que siempre estaría cerca de la naturaleza. Aunque con los años la gente te intenta quitar ideas infantiles de tu mente, yo seguí en la misma dirección, hasta que un día  llegué a África y tuve la suerte de convivir con chimpancés.

Afortunada y tenaz…
Sí, llegó el momento en que lo imposible se hizo real, aprendí a comunicarme con ellos, entenderlos y formar parte de su familia. Aprendí sus normas sociales, para lo bueno y para lo malo e hice buenos amigos entre ellos y lo más bonito: tuve la oportunidad de salvarles la vida y devolverles la libertad.

¿Y por qué el Instituto de Jane Goodall?
Jane Goodall es una persona espectacular, llena de esperanza y juventud pese a sus 80 años. De ella he aprendido a creer en la gente, a ver posible lo imposible, a luchar por tus sueños. Jane Goodall es una persona que irradia paz interior con la que aprendes el verdadero significado de esperanza.

¿Me puedes aclarar cuál es el ‘problema base’ que sufren los primates de  Congo?
Sin darnos cuenta, aunque tengamos arraigado en nuestro corazón unos valores profundos de respeto hacia la naturaleza, nosotros podemos estar involucrados inconscientemente en la destrucción de la misma. Todo por falta de información. Si los chimpancés están siendo cruelmente extraídos de las selvas en donde viven es porque previamente se han realizado unas carreteras en esos bosques por las compañías que explotan la madera de los grandes árboles. Esos lugares, hasta entonces inaccesibles para el hombre, se convierten a partir de entonces en zona de caza para furtivos y traficantes. Nosotros, sin saberlo, podemos comprar en España un suelo, una puerta o un mueble para el jardín realizado con esa misma madera que un día formó parte de un gran árbol en el que los chimpancés se cobijaban, jugaban y comían. Ese dinero llegará a los intermediarios que pedirán a las compañías madereras que continúen haciendo más carreteras, abriendo nuevos accesos que llegarán a los hogares de los chimpancés, gorilas y otros animales. Carreteras que serán utilizadas posteriormente por esos grandes usurpadores, ladrones de vida que son los cazadores furtivos.

¿Cómo funciona el mercado ilegal de primates? ¿Quién suele comprar? Antiguamente los chimpancés fueron exportados desde las selvas de África a Europa y a Estados Unidos principalmente. Ahora ese comercio se ha parado, pero surgen nuevos clientes como los emergentes países asiáticos, China o Vietnam. El desarrollo de sus economías ha originado una creciente clase media que quiere divertirse y consumir. Nuevos circos, atracciones y parques zoológicos aparecen por todos lados como si fueran champiñones. El chimpancé es uno de esos animales que no deben faltar y que los propietarios de estos lugares saben que serán un reclamo seguro para sus negocios.

¿Hablamos de un gran mercado?
En este terrible tráfico de chimpancés están involucradas verdaderas mafias que están, a su vez, relacionadas con el tráfico de armas y drogas. Todo en el mismo paquete. Estas organizaciones se aprovechan de la corrupción y de la falta de aplicación de las leyes existentes en África para comprar y sobornar hasta conseguir hacer llegar a los chimpancés hasta su destino.
Nosotros, como consumidores, tenemos una responsabilidad grande. Si no compramos madera tropical de África evitaremos que las selvas sigan siendo violadas y sus animales extraídos brutalmente de ellas. Al fin de cuentas estos bosques son un bien común, no solo de los países tropicales.

¿Cuántos chimpancés hay ahora en el Centro de Rehabilitación y en qué consiste vuestro trabajo?
En Tchimpounga tenemos ahora 160 chimpancés. Nuestro objetivo no es solamente liberarlos, sino proporcionarles bienestar. Algunos chimpancés han llegado con un trauma psicológico tan fuerte que nunca podrán volver a la selva, ya que eso les causaría un desequilibrio psicológico mayor. Hacemos estudios psicológicos de cada individuo para ver su situación real y las posibilidades que tiene de llegar a un punto u otro del programa de rehabilitación. Después de pasar la primera etapa de cuarentena y sociabilización en el centro de rescate de Tchimpounga, entran en el programa de reintroducción que comienza con su transferencia a unas islas en uno de los ríos más importantes de Congo, el río Kouilou. Allí tenemos varias islas con más de 200 hectáreas de selva virgen, que son como el paraíso para estos chimpancés. Allí hay animales salvajes como monos, grandes antílopes pero no son peligrosos para los chimpancés (no hay elefantes ni hay panteras). Además, les damos suplementos alimentarios y tratamiento médico si es necesario. Por eso es como el paraíso, tienen la selva, comida en abundancia y no hay peligros. Una vez pasado el ‘período de las islas’, los chimpancés aptos pasarían a la etapa más difícil, la etapa de la selva abierta. En esta etapa hay muchos peligros ya que se tendrán que enfrentar a guerras con otras comunidades de chimpancés para proteger su territorio, tendrán que aprender a huir de las panteras, a esquivar elefantes y lo más importante, tendrán que aprender a buscar su propia comida. Es un proceso muy largo y difícil durante el cual les apoyamos en todo momento.

¿Cuál es el comportamiento de un chimpancé cuando acaba de llegar a vuestro centro?
Cuando los bebés chimpancés llegan al centro de recuperación de Tchimpounga, al principio están aterrados y nos odian. Hemos sido nosotros, los humanos, los que hemos asesinado a su madre, al centro de su universo, a su única referencia. Se sienten perdidos, traumatizados, enfermos y desnutridos.
Es nuestra misión luchar contra todo esto. Lo que hacemos primero es darles una persona que les cuida día y noche. Es siempre una mujer ya que tenemos una disponibilidad y sensibilidad especial para cuidar de bebés. La cuidadora tiene que conseguir primero que el bebé chimpancé la acepte, lo que muchas veces es muy complicado. Se queda con él en un lugar tranquilo y poco a poco va acercándose hasta conseguir que el chimpancé se deje tocar y acariciar. Finalmente el bebé entiende que esa persona no es como el cazador que mató a su madre, que es buena y finalmente se abraza a ella buscando calor y protección. Hay que ir a todas partes con el bebé abrazado para darle seguridad.

Resulta filogenéticamente tan cercano eso que cuentas…
Fíjate algo que me llamó la atención es que cuando llegan, los bebés se despiertan por la noche, bruscamente, llorando o incluso gritando, moviendo las manitas y los pies.  Les tenemos que tocar la espaldita, acariciar  la cabecita y hablarles con dulzura, yo les digo: “no pasa nada, estoy contigo” y al ratito se calma. Cuando acaban de llegar esto ocurre con más frecuencia, pero a medida que pasan los días las pesadillas son menos frecuentes  hasta que empiezan a dormir toda la noche de un tirón.  Nos necesitan. Es algo que me sigue impresionando muchísimo.

En estos 9 años que llevas en el Congo, ¿qué es eso que nunca podrás olvidar?
Sin saber muy bien porqué, existen algunos chimpancés que te eligen como amiga. La primera vez que me ocurrió esto fue con un macho dominante de uno de los grupos que se están reintroduciendo, su nombre era Kutu. Pesaba más de 70 kg, con un cuerpo atlético y mirada penetrante. Yo lo único que hice fue curarle una herida, consecuencia de sus constantes peleas con chimpancés salvajes. Kutu se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y se percató de la mejoría de sus heridas a medida que avanzaba el tratamiento. Llegamos a tener códigos secretos para poder comunicarnos: yo llegaba a la selva y con un simple gesto le indicaba que se tenía que alejar del grupo para recibir el tratamiento y él, disimuladamente, se desplazaba hasta ‘el punto de encuentro’. Incluso después de que el tratamiento terminase, Kutu seguía teniendo esa unión conmigo. Podía estar en las ramas de un gran árbol comiendo con otros chimpancés que si me veía caminar entre los arbustos  bajaba a saludarme, incluso me protegía. Era una sensación extraña, una complicidad estrecha, algo realmente difícil de explicar con palabras. Cuando un chimpancé te elige te sientes especial.

En tu opinión ¿cuáles son los derechos de los animales por los que es más urgente luchar?
Para mí hay dos aspectos por los que habría que hacer un esfuerzo. El primero sería prohibir la utilización de animales salvajes en los circos y el otro la aplicación de las cinco libertades de bienestar animal. En cuanto a prohibir los animales salvajes en los circos parece que solo falta un empujón para conseguirlo.  Actualmente ya son más de 35 las localidades del estado español que han decidido no permitir el uso de estos seres vivos en circos. Ya es un paso, pero hay que conseguirlo a nivel nacional. Estas son las pequeñas cosas en las que cada persona, esté donde esté, puede hacer una diferencia. Luchando en tu localidad por la prohibición de la utilización de estos animales en circos quizá en poco tiempo podamos conseguirlo.

¿Y respecto a las cinco libertades de bienestar animal?
Éstas fueron adoptadas por La Organización Mundial de Sanidad Animal en el año 2004 pero habría que empujar por su aplicación real. El bienestar animal incluye no solamente el estado físico, sino también el estado mental del ser vivo. Estas son:
1. Libertad de hambre y sed: mediante el acceso a agua potable y una dieta para mantener la plena salud y vigor.
2. Libertad de incomodidad: al proporcionar un ambiente adecuado incluyendo refugio y una zona de descanso confortable.
3. La libertad de dolor, lesiones o enfermedad: mediante la prevención o el diagnóstico rápido y el tratamiento.
4. La libertad de expresar su comportamiento normal: al proporcionar espacio suficiente, instalaciones adecuadas y la compañía de la propia especie del animal.
5. Libertad de miedo y angustia: asegurando condiciones y el trato que eviten el sufrimiento mental.
Parece algo muy básico, pero tristemente hay muchas especies de animales en cautividad tanto domesticas como salvajes que no se benefician de estas libertades.

Para ir acabando, con 70 años, por ejemplo ¿cómo te ves?
Con 70 años me veo en  una casiña en Galicia, con mis hermanas, con mis hijos… pero con mi corazón en África. Me veo viniendo a Congo a visitar las selvas con los chimpancés salvajes, hijos de los que hoy son chimpancés huérfanos reintroducidos satisfactoriamente años atrás.

¿Con qué sueña Rebeca Atencia?
Con devolver la libertad  y el bienestar al mayor número posible de chimpancés que pueda en mi vida. Sueño con la libertad.

2 respuestas a Rebeca Atencia y los chimpancés del Congo

  1. Rosa Maria dijo:

    Mi más sentida enhorabuena por un lado a Rebeca Atienza en particular por su labor de constante protección a los chimpancés y por extensión asímismo a la Institución Jane Goodall. Por otro lado, dar las gracias a la publicación “El Hedonista” por ésta bella entrevista.

  2. Tania dijo:

    Enorabuena Rebeca, por tu labor, por tu constancia y dedicación. No lo dejes. Mi sueño era dedicarme a lo mismo que tu, pero el destino me hizo escoger otro camino. Espero un día poder ir alli a conocer tu labor. Un saludo

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