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En un pueblo de SegoviaAmelia Pérez: el jardín como pasión

Amelia, experta en el arte de la elaboración de jabón fino a través de su marca Los Jabones de Mi Mujer, tiene otra pasión desde hace años: la jardinería. Quedamos con ella para hablar y aprender sobre flores, plantas y árboles.

Para realizar esta entrevista, la artesana jabonera Amelia Pérez me cita en su casa a las 17.00 horas un jueves de finales de invierno. Lo que todavía no sé antes de llegar es que ha decidido obsequiarme con la degustación de un afeternoon tea al más puro estilo inglés. La luz de la estancia, con el sol atravesando los cristales, la chimenea encendida, el olor a leña, la mesa llena de delicatessen elaboradas por la anfitriona donde no falta detalle, desde scoons con su correspondiente clotted cream a mermeladas y galletas con chocolate caseras o esos sandwiches típicamente ingleses cortados en pequeños triángulos y de diferentes y exquisitos sabores, todo conforma una fantasía fuera de lo común si pensamos que nos encontramos en un pueblito de 20 habitantes de la provincia de Segovia. Y claro, en la mesa, en esa mesa, no puede faltar un pequeño arreglo floral procedente del jardín que se atraviesa para llegar a la casa. «Son narcisos. Los bulbos dan una flor maravillosa que conviene cortar antes de que amarillee y seque para dejar que lo verde de la planta siga viviendo y cogiendo sol para fortalecer la cebolla del bulbo bajo tierra», comenta de paso.

Cordobesa de nacimiento, con una madre que cuidaba un patio como solo en esa ciudad saben hacerlo y un padre perito agrícola, el acercamiento de Amelia Pérez a la naturaleza se da desde muy pequeña de una manera natural. «Recuerdo pasear con mi padre por el campo y que fuera explicándome los tipos de plantas y de flores, de árboles, y ya entonces el tema me interesaba, lo colores, los olores, la luz».

Antes de tener acceso a su propio paraíso, que hoy incluye un próspero taller de jabones con tienda que abre los fines de semana, una acogedora casa y dos jardines, el de la casa y el del taller, Amelia anduvo entretenida en Madrid con un trabajo que le gustaba pero que le exigía mucha dedicación y la tenía toda la semana fuera de casa, para llegar al fin de semana agotada y el lunes, vuelta a lo mismo. «Viéndolo con perspectiva veo que no era vida, pero seguramente tuve (tuvimos mi marido y yo) que vivir eso para llegar a donde estamos hoy, instalados felizmente en el campo», recuerda Amelia. «Un día, un sábado, decidimos airearnos dando un paseo por la provincia de Segovia, plan al que recurríamos de vez en cuando queríamos desconectar. En un bar vimos un cartel anunciando la venta de una casa. Por la tarde la estábamos viendo, y al final del día estaba reservada, un flechazo que entonces no sabíamos que nos cambiaría la vida». El proceso de dejar la gran ciudad, de crear la empresa de jabones les llevó algo más de tiempo, pero la semilla estaba plantada y empezaba a germinar.

De ese primer día que visitaron la casa en el año 2000, Amelia recuerda «los muchos rosales que había en el jardín, por otra parte bastante desordenado y totalmente invadido por la vinca (vinca major, más conocida como hierba doncella). Pero enseguida me di cuenta de las posibilidades que tenía». En cuanto le fue posible, plantó los árboles, entre ellos un gingko biloba maravilloso que hoy crece sano y bajo el que, en los días buenos o medio buenos, se desayuna, se come y se cena; un avellano, cipreses… «Tengo especial cariño a los lilos que planté con mi madre», recuerda emocionada.

Y uno que es de esta tierra sabe el gran esfuerzo que supone ser jardinero en Segovia. Frío, nieve, temperaturas extremas con bajo cero en invierno y calor seco en verano, y el agua escaseando cuando más se necesita. Pero esta andaluza tenaz y entusiasta no se arredra ante ningún obstáculo. «Empecé haciendo caso a la gente de la zona adictos al mantra de ‘plantar solo lo que se da’, pero me resistía y fui más allá». Y nos consta que se puso en serio a estudiar cada día todos los fundamentos de la jardinería para construir su jardín, el que tenía en la cabeza. Después de dejar planteado y floreciente el jardín de casa, emprendió la tarea de replantear el patio del taller-tienda donde vende los jabones hasta convertirlo en el maravilloso jardín que todas las primaveras florece con esplendor.

La conversación prosigue mientras me siento abrumado ante la enorme cantidad de conocimientos de la artesana en el ámbito de la jardinería. Amelia muestra un gran archivo con fichas elaboradas a mano de cada una de las plantas que hoy ya crecen en el jardín, y con otras que quiere plantar; con los planos de plantación de todos estos años en los que tiene en cuenta no sólo el tipo de planta adecuado, sino los volúmenes, las alturas, los colores, los meses en los que florecen cada una de ellas. Cuenta que en invierno, desde hace unos años, dedica al menos dos horas a la caída del sol a estudiar sobre plantas y sobre flores. «Soy autodidacta. En este sentido mi curiosidad y mi intuición me han ido guiando, y también la experiencia propia del prueba y error», comenta. Preguntada sobre si tiene algún maestro o maestra al que consulta dice sin dudarlo que Alan Titchmarsh: «Sus consejos funcionan; son consejos útiles, prácticos que demuestran un gran conocimiento y mucho cariño por la jardinería de lo pequeño, del detalle, que es la que yo intento practicar». También menciona a Monty Don, del que conoce no solo los libros que ha escrito si no los documentales en los que visita jardines de todo el mundo. La influencia de estos dos personajes se nota en sus jardines, de clara inspiración inglesa. De sus proveedores de plantas destaca a los ya desaparecidos Agallón, en Segovia, y a Sustrai, un pequeño vivero en Navarra, artesanal y libre, que sirve plantas a toda España. «Y luego, siempre que un vivero me viene a mano, lo visito, lo disfruto, y alguna compra hago».

Su próximo proyecto es experimentar con la plantación de especies tintóreas. «En España hay muchas y es un tema que está muy olvidado. Estoy leyendo sobre el tema y sobre plantas como la persicania, la caléndula, el alazor (Carthamus tinctorius), la alheña (Lawsonia inermis), pero aún no sé suficiente», concluye con la humildad de la que siempre hace gala.

También, para el próximo verano, planea abrir las puertas del jardín en tres momentos para que la gente pueda visitarlo. «Con un amigo estamos trabajando en la idea de hacer de paso una apertura de desvanes para que la gente pueda comprar no solo jabones sino objetos bonitos. En breve informaremos del proyecto» concluye.

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Amelia Pérez: el jardín como pasión

Miguel de Santos

Amelia, experta en el arte de la elaboración de jabón fino a través de su marca Los Jabones de Mi Mujer, tiene otra pasión desde hace años: la jardinería. Quedamos con ella para hablar y aprender sobre flores, plantas y árboles. leer

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