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“Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.”. Montesquieu

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David Ramos, de Klimer

Es madrileño y creador de una empresa dedicada al mundo de las cocinas profesionales y los amantes de la gastronomía.

Madruga y mucho. Y eso que se suele acostar muy tarde dado que, de los siete días que tiene la semana, las noches de varios de ellos las pasa en algún sarao del mundo gastronómico. No le causa demasiado esfuerzo ya que admite que esas reuniones y citas le encantan. Es lo que tiene ser listo y saber lo importante que es estar en el lugar y en el momento adecuados. El buen estado de su empresa, Klimer, sin duda, responde, en parte, a las relaciones personales.

Es elegante y de buenas maneras. Conoce el arte de la empatía y de la prudencia. Nunca le gustó estudiar y, pese al empeño familiar, decidió no concluir sus estudios de dirección comercial en marketing. Tuvo como excusa el haber empezado a trabajar siendo un chaval en la empresa de limpieza propiedad de su madre.

Se siente afortunado por haber salido a cenar todos los sábados junto a su familia desde niño. Ello le educó el gusto y aumentó su curiosidad sobre el mundo culinario. Ahora, es el número uno vendiendo todo tipo de artículos y accesorios para los restaurantes. Sí, porque hay vida más allá del cuchillo, la cuchara y el tenedor. Así que piense que, cuando le muestren un plato en algún recipiente curioso, posiblemente el proveedor sea David Ramos y su empresa Klimer.

¿Cuál es el nombre y a qué se dedica tu empresa?
El nombre es Klimer y ofrecemos soluciones integrales a la hostelería. Esto es, accesorios de cocina y catering, utensilios para cocinar, presentar platos, sorprender en celebraciones… Contamos con un extenso catálogo con platos (más o menos normales) y cuchillos, sifones, chaquetas de cocina y casi cualquier recipiente u objeto que puedas imaginar y que tenga una aplicación en la cocina.

¿Cuándo y por qué nace?
Fue en 2004. Al principio, vendía productos de limpieza a mis amigos que montaban restaurantes en Madrid. Poco a poco, empecé a venderles unos vasitos hasta llegar a tener más de 6.000 referencias. Hubo una época en la que teníamos el monopolio de los vasos de tubo de todas las discotecas en Madrid.

¿Cuántos socios sois?
Yo solo.

¿Cuántas persona trabajan en ella?
Actualmente, formamos el equipo 12 personas. Somos cuatro hombres y el resto, mujeres.

¿Con qué dificultades te has encontrado en los inicios?
Una de las mayores dificultades que he tenido ha sido el problema de los cobros. Cuando empiezas solo piensas en vender y vender, pero lo importante es cobrar y cobrar. Sin este problema todos seríamos mucho más fuertes y más grandes.

¿A qué tipo de público os dirigís?
Nos dirigimos a restaurantes, hoteles y empresas de catering. Pero gracias a la tienda online, muchos aficionados a la cocina, los llamados ‘foodies’, nos compran sus cacharritos.

¿Qué parte del negocio se produce en España y cuánto se produce/fabrica fuera?
En España se produce muy poco de lo que vendemos. Te puedo hablar de un 30% aproximado. Compramos principalmente en Italia, Alemania, Francia, Asia y Turquía.

¿Cómo (punto de venta físico, online, clientes directos, etc) y en qué países comercializáis?
Trabajamos desde una tienda virtual  klimer.es   y  también   comercializamos de manera  tradicional. Es decir:  vía visitas, teléfono, email…   La cocina es un gremio que es muy tecnológico para las redes sociales, pero muy arcaico para  hacer un pedido  por la tienda virtual .

Acabamos de inaugurar una exposición nueva de más de 250 metros cuadrados. Vendemos solo en España porque hace dos años pusimos un proyecto en marcha  en Latinoamérica (Colombia y Panamá)  y no funcionó. Encantaba el producto, pero a la hora de  la venta  no se correspondía. Por ello, estamos con todas nuestras fuerzas en España.

¿Qué satisfacciones has encontrado? ¿Merece de verdad la pena?
La principal satisfacción es que hago lo que me gusta. Me levanto todos los días a las 06.00 a.m. y no suelo parar hasta la noche, pero me siento feliz porque los profesionales del sector valoran el esfuerzo y cariño que le ponemos a nuestra empresa. Ellos consideran que hacemos las cosas bien, y eso es una gran satisfacción. Claro que merece la pena.

Qué consejos darías a otros que, como tú, quieran montar su propia empresa?
No pensar en el beneficio desde el minuto uno. Mi consejo es ponerle mucho romanticismo y mucho amor. Y trabajar duro, por supuesto. Así funciona un negocio.

¿Montaste la empresa que querías o la que pensaste que era rentable?
Sabía qué quería vender y a quién, luego pensé en la rentabilidad. Si bien, creo que, como apunté, en mi caso hay más amor que negocio.

¿Volverías a meterte en una aventura similar?
Volvería a empezar desde cero una vez y más. Ya lo he hecho en otras ocasiones en negocios ligados a la hostelería. No me arrepiento de ninguna aventura. Y de la de Klimer me siento especialmente orgulloso.

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Paulo Pereira da Silva

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Es el inventor del papel higiénico negro. Un investigador que ha convertido un producto de primera necesidad en un objeto de deseo. leer

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